martes

Fotos del 17 octubre 2009

Escuela de la Mística Carmelitana
Clases presenciales

Moradas 5tas - 6tas y 7mas del Castillo Interior
Santa Teresa de Jesús

Caracas, 17 de Octubre de 2009
Ponente: Elena Briceño








domingo

7mas. Moradas


Séptimas Moradas
Unión transformante con la Trinidad
Lugar Místico de Encuentro entre el Cielo y la Tierra

Hemos llegado por fin a las Séptimas Moradas, al apartamento principal de la urbanización, a la cumbre de la experiencia religiosa según Santa Teresa, al lugar donde habita el mismo Dios y Señor del Castillo, que es la propia alma, el centro de nuestro yo.

Es importante señalar que los primeros caminantes del itinerario, descubrieron la tumba vacía y creyeron que Cristo vivía y que volvería. La fuerza de esta experiencia cambió sus vidas. Perdieron el miedo, recibieron una paz que el mundo no puede dar, el fuego del Espíritu Santo los lanzó a la misión, se hicieron esclavos de los hombres, cooperadores de Cristo. Empezaban a ser santos. María, la Virgen, acompañaba el proceso. Entraban en las Séptimas Moradas, que reproducen por tanto, el encuentro de Cristo resucitado con sus discípulos y la culminación de una transformación personal que remite a la evangelización. El Bautismo recobra su dimensión auténtica.

Habíamos dejado la mariposilla, renacida en las Sextas Moradas, revoloteando en busca de reposo. Se ha comprometido con el Esposo en el desposorio espiritual. Ahora vivirá el misterio de la Trinidad y consumirá el matrimonio en la unión plena. La acompañará de modo casi permanente, una paz interior profunda. La mariposilla muere al encontrar el reposo en la vida resucitada por Cristo, a cada instante: el hombre nuevo culmina su transformación. El cielo se ha acercado milagrosamente a la tierra.

¿Cuántos capítulos le dedica Teresa a esta Morada?

Teresa dedica cuatro capítulos para explicar el matrimonio espiritual: el primero nos habla de su relación con la Trinidad; el segundo relata el matrimonio con Cristo; el tercero se refiere a los “efectos” de la unión con el Esposo; y el cuarto señala la “finalidad” de todo el itinerario: la acción en ayuda del Crucificado. Al redactar el libro, la Santa llevaba cinco años en las Séptimas Moradas, tiempo suficiente para describir el itinerario completo desde cima tan alta.

¿Quiénes pueden visitar las Séptimas Moradas?

Pueden y deben ser visitadas por cualquiera, aunque en ellas vivan casi siempre los santos.

• Deben ser las moradas predilectas de los grandes pecadores y de quienes han llegado a la madurez espiritual.

• Acudirán de inmediato a visitarlas los muertos vivientes, quienes buscaron paraísos artificiales en las drogas o hicieron grave daño al prójimo, porque en ellas se encierra una noticia: la amnistía de Dios, la posibilidad de resucitar a una nueva vida, aquí en la tierra.

• Será morada predilecta de quienes viven instalados en el desamor o la desesperanza, porque encontrarán el amor de Dios y la esperanza en sus manifestaciones máximas.

• Visitarán las Séptimas Moradas los caminantes que meditan el misterio de la Resurrección de Jesucristo, bien en oración privada o acompañando a la Iglesia durante ese tiempo litúrgico.

• Quienes conocen, aman e imitan al Señor con perfección, han muerto al yo viejo y contemplan su vida renovada y resucitada.

• Quienes habiéndose encontrado con Cristo resucitado, han cambiado de vida, pasando del egoísmo a la donación de sí.

• Los santos y los que llevan camino de serlo, que suelen ser los que ni siquiera son conscientes de ello y viven en silencio del servicio.

• Los que viven una vida entregada a favor de su prójimo sin saberse los protagonistas de la historia.

• En sus más elevadas cimas, las habitan los místicos que han conseguido aunar contemplación y acción. Estamos en la Morada de la santidad.

En 1571, irrumpen en Teresa de Jesús las visiones de la Trinidad con fuerza desconocida hasta el momento. Lo que tenía adquirido por fe, lo comprueba por experiencia. Distingue las personas divinas, le hablan el Padre y el Hijo, adquiere un conocimiento nuevo del Espíritu Santo. Un día, San Juan de la Cruz le da la comunión en el monasterio de la Encarnación, y en ese momento escucha que ya es esposa de Cristo (1572; tenía 57 años). Ya está desposada. El Esposo la ha llevado a vivir en su casa, que es su propia alma. Lejos de permanecer inactiva, vive volcada en la acción. Escribió el libro de las Fundaciones (entre otros) que nos hace disfrutar de una santa en acción (Debe leerse al mismo tiempo que las Séptimas Moradas.

Habitaciones de las Séptimas Moradas

1. La Trinidad, o la experiencia de un Dios cercano:

Al finalizar el recorrido, descubrimos la profundidad del misterio de Dios en lo que llamamos “misericordia”: Se manifiesta en las obras que ha hecho, y, sobre todo, en su deseo de comunicarse con el ser humano. Los hombres, capaces de entenderlo por haber sido creados a su imagen y semejanza, descubren su grandeza al percibir esta comunicación (M7.1.1). Nuestro Itinerario Espiritual ha develado la misericordia de Dios.

¿Qué culmina en estas Moradas?

Culmina la comunicación con la experiencia del misterio trinitario. Siendo la persona humana, esposa de Jesucristo, Dios la introduce en su Morada antes de consumar el matrimonio espiritual, en la cámara del Rey, donde El habita desde siempre como si fuera otro pequeño cielo, porque “dentro de esta alma hay morada para Dios” (M7.1.5).

“…las Tres Personas de la Santísima Trinidad que yo traigo en mi alma esculpidas, son una cosa” (R 47). Tres años más tarde, dirá Teresa refiriéndose a ello: “con esta compañía que traigo siempre en el alma”. Y vuelve a repetirlo meses antes de su muerte: “…más parece que siempre se anda esta visión intelectual de estas tres Personas y de la Humanidad” (R 6.3).

¿Qué constituye el núcleo del misterio trinitario?

La unidad de personas en un solo Dios y la diferencia entre ellas, constituye el núcleo del misterio trinitario.

Las tres personas se comunican entre sí, le hablan al hombre desde la habitación principal del Castillo y no dejan de hacerlo con todo lo creado (R 33.3 y R 18).

Cada Persona concede a Teresa un don especial: El Hijo le da el “padecer con contento”, Dios Padre, la “caridad”, y el Espíritu Santo, el “sentir esta caridad”, porque enamora la voluntad, mueve el alma, con unos deseos que la encienden en fuego (R 16.1; C 27.7).

En suma, en las Séptimas Moradas la persona experimenta conscientemente y de manera habitual, estar habitada en lo profundo de su ser, por las tres Personas divinas. Cuando el alma está en gracia, se produce una situación de intimidad y amistad profunda entre ella y Dios.

2. Jesucristo en el matrimonio espiritual:

En el desposorio espiritual de las Sextas Moradas se había accedido a una unión con el Esposo, con momentos de gran intensidad, pero ambos podían separarse. De hecho, así sucedía. En el matrimonio, “ya no se pueden apartar”. La diferencia es radical (M7 2.2). Una expresión feliz escrita al redactar las Sextas Moradas describe la nueva situación: “más es muy continuo, no se aparta de andar con Cristo nuestro Señor por una manera admirable, adonde divino y humano, junto es siempre su compañía” (M6 7.9). Una última expresión, esta vez en la Séptimas, da cuenta de la nueva situación: “mira en sí misma con la continuanza que le tiene consigo” (M7.3.7).

¿Qué ha sucedido y, qué significa tener a Cristo en compañía permanente, en “continuanza”?

Leer el relato autobiográfico de R 35 para entender la radical novedad.

Cinco años después, la experiencia se convierte en reflexión al pasar a las Séptimas Moradas (M7.2.1). En el capítulo tercero vuelve de nuevo con palabras similares: “que mirase por sus cosas, que El miraría por las suyas” (M7.3.2).

En esencia, el matrimonio espiritual significa que el alma se convierte en esposa de Cristo en un intercambio total y absoluto de “sus cosas” o, en expresión de aquella época, de su “honra”: EL Esposo se encarga de todo lo relativo a la esposa, y ésta sólo se preocupa de los asuntos del marido. “Yo por ti y tú por mí” (Vida 33).

¿Qué comparaciones usa Teresa para explicar todo esto?

Digamos que sea la unión, como si dos velas de cera se juntasen tan en extremo, que toda la luz fuese una, o que el pabilo y la luz y la cera es todo uno; más después bien se puede apartar la una vela de la otra, y quedan en dos velas, o el pabilo de la cera. Acá es como si cayendo agua del cielo en un río o fuente, adonde queda hecho todo agua, que no podrán ya dividir ni apartar Cuál es el agua del río, o lo que cayó del cielo; o como si un arroyico pequeño entra en el mar, no habrá remedio de apartarse; o como si en una pieza estuviesen dos ventanas, por donde entrase gran luz; aunque entra dividida se hace todo una luz” (M7.2.4).

¿Cuál es el agua del arroyo y cuál es el agua del mar? ¿Quién los puede diferenciar? Ya no son agua de lluvia y fuente, son un río; y ya no son agua de arroyo y mar, todo es mar.

¿Qué podemos entender ahora?

Podemos entender plenamente cómo la relación con el Señor ha tenido a lo largo del recorrido espiritual, una historia muy similar a la vivida por el Pueblo de Dios, en su relación con Dios, tal como nos lo narra la Biblia. La Santa plasmó y expresó el encuentro con el Amado en la pintura, aunque indirectamente, pues encargó reproducir en cuadros las visiones imaginarias. De uno de ellos, “Cristo atado a la columna”, tenemos abundante documentación. Estando en la Encarnación, -nos cuenta Francisco de Ribera- el Señor “le mostró un brazo muy llagado y arrancando de él un pedazo de carne, de cuando estaba atado a la columna”. Posteriormente, en una de las ermitas de San José de Ávila, “la pintura de Cristo atado a la columna, hizo pintar la santa madre después de muchas horas de oración, ilustrando a un muy buen pintor, cómo lo había de pintar” (Testimonio de Isabel de Santo Domingo, en el proceso de Beatificación).

3. La oración continua en el matrimonio espiritual:

¿Qué reiterábamos al comenzar nuestro itinerario espiritual?

La importancia de la oración, por ser la puerta que da acceso al Castillo. Dijimos con Teresa que se trataba de una relación de amistad con el Dios de Jesucristo. Aprendimos en cada morada una nueva forma de dirigirnos a Dios y de escucharlo.

¿Llegados a las Séptimas Moradas, qué comprueban sus habitantes?

Comprueban cómo la oración se ha hecho habitual y necesaria en sus vidas. Recogida toda la persona en estas Moradas-donde habita hasta su muerte, salvo culpa de su parte-, la oración acaba convirtiéndose para los habitantes de las Séptimas Moradas, en algo tan natural como respirar.

Al acercarse Teresa al final de su vida, escribe una nota íntima, para dejarnos en herencia la situación oracional del alma, que Dios ha llevado hasta la plenitud de su existencia. Nos descubre el estado último de oración cristiana, para el que se ha ido preparando con las formas de oración anteriores: Dios trino y la Humanidad de Cristo:

Lo de las visiones imaginarias ha cesado; mas parece siempre se anda esta visión intelectual de tres Personas y de la Humanidad, que es, a mi parecer, cosa muy más subida” (R 6.3).

¿Qué hemos de recordar siempre?

Que la oración cristiana no aleja de la vida; al contrario, sumerge en ella cada vez con más fuerza, como ha quedado demostrado en este Itinerario Espiritual. Debemos eliminar una falsa concepción de la mística, que convierte al orante en un ser fuera del mundo.

¿Cómo vive el verdadero amador de Cristo?

Vive procurando ayudar al Esposo en la construcción del Reino y de Dios. Lo hace sin divisiones ni dicotomías. Se sabe y experimenta estar habitado por las tres Personas y la Humanidad de Cristo. Se ha hecho capaz de vivir intensamente la acción exterior en servicio de la Iglesia y el Reino de Dios, sin dejar de estar con la fuente de su ser: el mismo Dios que lo habita.

Teresa recurre al relato evangélico de Martha y María para explicar esta nueva situación.

¿Qué simbolizan para la Santa estas dos mujeres?

Simbolizan para ella la acción y la contemplación. (M7.1.10). Trabajo y contemplación forman una unidad indisoluble (M7.4.12). Las obras deben ser consecuencia de la oración, pero la oración se manifiesta en las obras. Ambas son inseparables y a la vez complementarias.

Hemos de advertir que el vivir la oración en las Séptima Moradas, no evita los diarios paseos del creyente por las Moradas anteriores. Nunca-tampoco en estas- dejaremos de visitar a diario, las Primeras, para rezar vocalmente, ni las Segundas, Terceras y Cuartas para conocer a Jesucristo en su Humanidad, ni las Quintas con la Cruz, ni las Sextas a fin de perfeccionar el amor. Jamás dejaremos de seguir meditando las lecturas bíblicas de ese día, propuestas por la Iglesia, ni abandonaremos la contemplación orante del misterio presentado en el ciclo litúrgico.

¿Dónde vive lo esencial de la persona?

Vive en las Séptimas Moradas, la del Rey; recogida en la habitación principal, toda su vida es oración, conciencia permanente de vivir en compañía.

¿Qué sucede en el proceso preparatorio, hasta llegar al matrimonio espiritual?

Todo el proceso va transformando a la persona, produciendo unos “efectos”, siendo la oración uno de los más importantes, al que hace referencia en este tercer capítulo.

4. La transformación de la persona en las Séptimas, o la madurez humana hecha realidad:

El creyente llega a la plenitud humana y espiritual al entrar a vivir del todo en las Séptimas Moradas, pasando del egoísmo inicial a la donación del sí, por amor. A lo largo del Itinerario Espiritual se ha ido “disponiendo” hasta llegar a una transformación que lo ha espiritualizado.

¿Cómo se dispone el hombre?

Se dispone mediante el crecimiento de las virtudes, la imitación de Jesucristo Hombre, el conocimiento de sí mismo, el aprendizaje del amor, la oración y la acción. Cuando ya está preparado, dispuesto, espiritualizado, lo introduce en su cámara real, allí consuma la unión de espíritus. Y surge:

• Una persona olvidada de sí misma, porque toda ella busca sólo el interés de Dios;

• Con un gran deseo de padecer por Cristo para que se cumpla en cada momento su voluntad;

• Que experimenta una gran alegría si es perseguida;

• Con deseos de servir, por “si pudiesen ayudar en algo al Crucificado”;

• A la que nada ni nadie ata ni domina, pues se siente libre frente a todo: en lenguaje teresiano, “un desasimiento grande de todo”.

• De la que ha desaparecido el miedo a la muerte y al demonio. Por ello y en resumen, podemos decir que las esperanzas puestas al principio del Itinerario, se han visto cumplidas.

El yo, herido desde el comienzo, ha debido aceptar y asumir la realidad de su vida pasada y presente, acompañado por un Dios amoroso que le acepta en esencia. Por eso, el itinerario espiritual teresiano parte de la realidad, y a ella vuelve enriquecida por el matrimonio. Tampoco significa que los habitantes de estas Moradas no vayan a equivocarse. Lo harán con frecuencia. Siguen siendo hijos de su época y de sus limitaciones humanas. Pero orientar la vida en el seguimiento y la imitación de Cristo da unos ojos nuevos y una perspectiva inusual, gracias a la cual estas personas adultas en la fe, trascienden con frecuencia su época, para seguir siendo útiles siglos después, como es el caso de Teresa.

Por eso el itinerario teresiano pretende llevarnos a vivir plenamente la gracia bautismal. (Leer Poesía 8)

Si hemos perseverado hasta llegar a las Séptimas Moradas, el creyente se descubre a sí mismo en su totalidad, viéndose en el espejo que es Cristo: “Y no dejamos de entrar aquí todos, porque así dijo Su Majestad: no sólo ruego por ellos, sino por todos aquellos que han de creer en mí también, y dice: Yo estoy en ellos” (M7.2.7).

¿Cuándo descubre Teresa de Jesús la necesidad de mirarse en el espejo que es Cristo?

Teresa lo descubre por primera vez, cuando ya vivía en las Sextas Moradas. En una de sus visiones, descubre el interior de su ser como un espejo múltiple lleno de luz y hermosura. En el centro de esa habitación que es su alma, toda ella espejo claro, aparece la figura de Jesucristo.

Sería una pena perder tanto bien y hacer todo lo posible por llegar hasta aquí, porque al mirar y dejarnos mirar por Cristo, nos encontramos con nosotros mismos. Somos una imagen esculpida y labrada en el Señor. Coinciden en el encuentro con Cristo y el encuentro con nuestra verdadera imagen: “Más como faltamos en no disponernos y desviarnos de todo lo que puede embarazar esta luz, no nos vemos en este espejo que contemplamos, adonde nuestra imagen está esculpida” (M7.2.8).

5. La acción en ayuda del Esposo, o la libertad del esclavo.

Los discípulos pasaron de la traición, en la Pasión, al encuentro con el Resucitado y la acogida del Espíritu Santo. Sus vidas cambiaron definitivamente. El evangelio de Lucas desarrolla los acontecimientos en una secuencia: Descubrimiento de la tumba vacía; diversas experiencias de encuentro con el Señor, desde las situaciones normales de la vida; Ascensión; Pentecostés y misión. En ese tiempo, pasaron del miedo a la actividad: permanecer encerrados o volviendo a sus trabajos de antes, a reunirse en grupos, compartir los bienes y ayudar a los necesitados. Servían al Reino de Dios, cuya llegada consideraban inminente, a la vez que construían la Iglesia. Todo adquiría un nuevo sentido. Incluso la cruz de la que habían huido, cobraba un significado pleno.

¿Cuál es el significado último de la acción del creyente?

Ya estamos en condiciones de contestar esta pregunta. Un párrafo sublime, da la pauta para descubrir el sentido último de la acción, basándola en el hacer de Cristo:

“¿Sabéis qué es ser espirituales de verdad? Hacerse esclavos de Dios, a quien, señalados con su hierro que es el de la cruz, porque ya ellos le han dado su libertad, los pueda vender por esclavos de todo el mundo, como él lo fue; que no les hace ningún agravio ni pequeña merced” (M7.4.8).

En este párrafo, se resume el concepto de Redención, según el pensamiento de Teresa. El verdadero amador sabe, que unido a la cruz de Cristo, encuentra el mejor de los sentidos de la salvación que nos ha traído el Señor: Cristo, siendo libre, se hizo esclavo para salvarnos de la esclavitud, aunque ello comportara la cruz. El sentido último de la acción del creyente, se encuentra en Jesucristo, haciendo lo que El hizo: dar la libertad libremente para convertirse en esclavo del prójimo. La donación de sí implica sufrimiento y, llegado el momento, el martirio. “…somos esclavos suyos, vendidos por su amor, de nuestra voluntad a la virtud de la obediencia, pues por ella dejamos, en alguna manera, de gozar al mismo Dios” (F5.17).

El Señor obedeció a la voluntad del Padre en la Encarnación, en la Cruz y durante toda su vida. El habitante de las Séptimas Moradas, se ha convertido en un esclavo por amor obediente. El amor crecido a través de la oración y la acción, no permite el descanso, aún cuando en el interior estas almas vivan en una paz encomiable (M7.4.10).

Recuerde:

  • Son las moradas de los santos y de los pecadores.
  • Los primeros, por haber alcanzado a vivir el estilo de vida de Jesucristo.
  • Los segundos, por encontrar en ellas la esperanza de una amnistía y un futuro diferente.
  • Acuda a las Séptimas Moradas durante todo el tiempo de Pascua.
  • Si está en paz profunda, o trabaja incansable por el Reino de Dios, en la Iglesia, se está acercando a las Séptimas Moradas.
  • Nos relacionamos con Jesucristo Resucitado, por tanto, desde las Séptimas Moradas.
  • La santidad sea o no reconocida públicamente por la Iglesia, es un don de Dios al que todo creyente está llamado.
  • El matrimonio espiritual nos deja preparados para colaborar con Jesucristo en la construcción de un mundo habitable.
  • Quien accede a él, vive intensamente el Sacramento del Bautismo.
  • Seguimos anhelando la segunda y definitiva venida de Cristo al mundo.
  • La conciencia casi permanente, de vivir en presencia de la Trinidad y la Humanidad de Cristo, sellan las Séptimas Moradas: “Yo en ti y tú en mí.”

Oración

En fin, hermanas mías, con lo que concluyo es que no hagamos torres sin fundamento, que el Señor no mira tanto la grandeza de las obras, como el amor con que se hacen; y como hagamos lo que pudiéramos, hará su Majestad que vayamos pudiendo cada día más y más, como no nos cansemos luego, sino que lo poco que dura esta vida-y quizá será más poco de lo que cada uno piensa-, interior y exteriormente, ofrezcamos al Señor el sacrificio que pudiéramos, que su Majestad le juntará con el que hizo en la cruz por nosotras al Padre, para que tenga el valor que nuestra voluntad hubiera merecido, aunque sean pequeñas las obras. Plega a su Majestad, hermanas e hijas mías, que nos veamos todas adonde siempre le alabemos, y me dé gracia para que yo obre algo de lo que os digo, por los méritos de su Hijo, que vive y reina por siempre jamás, Amén, que yo os digo que es harta confusión mía, y así os pido por el mismo Señor que no olvidéis en vuestras oraciones esta pobre miserable” (M7.4.15-16).

El último escrito de Teresa (1581, R6) Leerlo.

Siglas: V: Libro de Vida CV: Camino de Valladolid M: Moradas

¿Cómo leer las siglas? (M 4 1,1). Quiere decir, 4tas Moradas capítulo 1, párrafo 1 / ( V 14.5). Vida, capítulo 14, párrafo 5. / (CV 30.5). Camino (Valladolid) capítulo 30, párrafo 5

Bibliografía: Antonio Mas Arrondo, Acercar el Cielo. Itinerario espiritual con Teresa de Jesús. Editorial: Sal Terrae

Ponente: Elena Briceño

6tas. Moradas

El Castillo Interior
Sextas Moradas
Lugar Místico de Encuentro entre el Cielo y la Tierra

Dice la Santa: “…y así hay muchas personas santas que jamás supieron que cosa es recibir una de aquestas mercedes; y otras que las reciben que no son” (M 6, 9,16).

En las Quintas Moradas participamos de la Pasión de Cristo y en las Séptimas Moradas, de la Resurrección. Entre ambas Moradas, la Santa coloca las Sextas Moradas, de un momento intermedio que incluye algunas vivencias de Cristo antes de su muerte, y las que vivieron sus discípulos entre la muerte y la Resurrección del Señor.

¿Qué aprenderemos aquí?

Aquí aprenderemos el amor adulto y sellaremos mediante el desposorio espiritual, el futuro compromiso matrimonial de las Séptimas Moradas.

¿Qué moradas son estas?

Atravesaremos las Sextas Moradas anhelando la plenitud del encuentro. Al no encontrar la palomita (o mariposilla) reposo seguro, estas moradas son las del deseo de amar insatisfecho.

¿Cómo llega el hombre nuevo a esta experiencia?

A las Sextas Moradas llega el hombre nuevo (la mariposa) con grandes deseos de seguir amando a Aquel que le miró, enamoró y le dio alas para volar.

¿Qué tiene la persona unida al Amado en las Sextas?

La persona en estas Moradas tiene unida su voluntad con el Amado y está en condiciones de recibir de Dios todo tipo de gracias sobrenaturales; es un momento complejo, por la abundancia de irrupciones de la gracia sobre la persona, por eso, Santa Teresa dedica el capítulo 3 al habla; levitaciones, capítulos 4 y 5; lágrimas capítulo 6, visiones intelectuales e imaginarias capítulo 7 y 8; humildad capítulo 10 y la Noche Oscura como preparación al ingreso a las Séptimas Moradas capítulo 11.

¿De qué se participará en las Sextas Moradas?

En las Sextas Moradas se participará en la vida trinitaria y en el amor al prójimo. A partir de ahora, todo se contemplará en el ejemplo trinitario.

¿Todos los creyentes viven las experiencias que se presentan aquí?

Es importante advertir que no todas las experiencias de las Sextas Moradas han de ser vividas por los creyentes. Se puede ser un buen cristiano y aspirar a la santidad sin llegar a tener ninguna de estas experiencias. A veces se pueden encontrar personas que disfrutan de estos dones de Dios sin llevar una vida santa.

¿A qué abren la puerta estas moradas?

Las Sextas Moradas abren la puerta a experiencias muy fuertes que nos adentran en las profundidades del Rey. Al estar cercano a las Séptimas Moradas, el amor encendido busca reposo para la mariposilla, sin hallarlo, pues Dios quiere que el deseo de amor aumente antes de consumar el matrimonio. Las personas que aquí llegan deben tener mucho valor para superar las grandes dificultades que se le presentan.

¿Quiénes visitan las Sextas Moradas?

Quiénes ansíen resucitar con Cristo en las Séptimas; quienes aceptaron la realidad de sus vidas y la pusieron en manos de Dios; quienes quieran aprender a amar, porque aquí sabrán valorar sus más altas cumbres.

¿Quiénes las habitan?

Quienes viven en profundidad las moradas anteriores y, ponen en práctica con perfección el amor a Dios y al prójimo, en especial al más necesitado; probablemente conversos que se arriesgan a crear nuevos espacios sociales, políticos o eclesiales a favor de la comunidad y sobre todo quienes buscan cumplir la voluntad de Dios y han muerto al viejo egoísmo.

Vamos a analizar las cinco habitaciones de estas Moradas: 1) El misterio del Dios trino; 2) La humanidad de Cristo en las Sextas Moradas; 3) Oraciones de un convertido al amor, o el aprendizaje de un amor adulto; 4) La transformación de la persona por el amor; 5) Recrear el Reino y la Iglesia.

1.-El misterio del Dios trino.

A lo largo del recorrido por las primeras Moradas hemos conocido por fe, las verdades que propone la Iglesia con respecto a la Trinidad. Al comienzo eran algo ajeno a nuestra vida. Poco a poco y ayudado por la meditación, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han dejado de ser una teoría; incorporándose a nuestra existencia. Aprendimos a distinguir las Personas Divinas y mantener una relación diferenciada con cada una de ellas. En estas Moradas, se va a producir un nuevo cambio: la relación amorosa con Cristo, y a través de Él, con la Trinidad, nos abre nuevas formas de conocer. Teresa las llama visiones intelectuales e imaginarias” Ella encuentra que el misterio de la Trinidad pone en nuestras vidas un sello que hasta entonces, no se sospechaba. Esta forma de conocimiento viene de Dios y cuando el hombre ya está preparado para recibir dicha comunicación. Es importante señalar que en el caso de Teresa, las visiones intelectuales de Cristo fueron inmediatamente acompañadas de visiones trinitarias.

No se conoce bien el proceso de acercamiento al misterio trinitario. Si se puede garantizar que la contemplación de imágenes, no formó parte de él. En efecto, un texto nos descubre la dificultad que encontraba a la hora de rezar de este modo: debía de ser frecuente en esa época representar en una pintura, una persona con tres caras. En el siglo XII, este tipo de representación fue prohibido por la Iglesia, pero tres siglos después la costumbre volvió a imponerse hasta el siglo XVII, en que fue abolido definitivamente.

“… A las personas ignorantes parécenos que las personas de la Santísima Trinidad, todas tres están –como lo vemos pintado- en una Persona, a manera de cuando se pinta en un cuerpo tres rostros; y ansí nos espante tanto, que parece cosa imposible y que no hay quién ose pensar en ello, porque el entendimiento se embaraza y teme no quede dudoso de esta verdad y quita una gran ganancia” (R33.2)

Descartada la iconografía, Teresa centró sus esfuerzos en la comprensión de la verdad de fe propuesta por la Iglesia. Y meditó sobre ella durante años. Llegado el momento, y viviendo ya en las Sextas Moradas, accede por pura gracia divina, a la comprensión del misterio desde la intuición amorosa. Sin trabajo, sin esfuerzo, sin estudio…. (Leer V 27, 8-9)

La Santa no especifica en que fue declarado el misterio trinitario, ni las consecuencias que tuvo. Nos basta con dejar constancia de una nueva posibilidad de aproximación al misterio trinitario, muy similar a la que por aquella época se le daba gozar, con respecto a Jesucristo. Con ella queda confirmada para los caminantes espirituales una nueva manera de comprensión desde el amor. Fue una experiencia inolvidable, pero puntual, capaz de reproducirse en cualquiera de nosotros, siempre y cuando la voluntad esté entregada en manos de Dios y ya el amor mutuo vaya crecido y Dios dirija la relación.

En el trienio 1562- 65 vuelve a presentarse la cuestión, pero esta vez, entiende que hay un solo Dios y tres personas. (Leer V 39, 25)

La autobiografía recoge un hecho sorprendente, ocurrido mientras leía “Los Cartujanos”, uno de sus libros predilectos. (Leer V 38.10)

2.- La humanidad de Cristo en las Sextas Moradas.-

¿Qué se consagra en las Sextas Moradas?

En estas Moradas se consagra el desposorio entre la persona y Jesucristo, pero no culmina la unión entre el Esposo y la esposa. Habrán en estas moradas, momentos de unión muy intensas entre Cristo y el alma; pero no tan duradero como para olvidarse de la meditación en la Humanidad de Cristo. Podría haber una falsa impresión de que no se necesita dicha meditación, por estar el alma encendida de amor.

También os parecerá que quién goza de cosas tan altas no tendrá meditación en los misterios de la sacratísima Humanidad de nuestro Señor Jesucristo, porque se ejercitará ya toda en amor” (M 6, 7-5)

Por eso la Cristología teresiana desarrollada en V22 encuentra un hermoso paralelismo en las Sextas Moradas 7, donde con magistral sabiduría, la Santa afirma que solo a través de la humanidad de Cristo se alcanza la plenitud de la vida espiritual.

¿Qué le sucedió a la Santa, cuando habitaba estas moradas?

Teresa, cuando habitaba en estas Moradas cayó en esta tentación apartando la mediación de todo lo corpóreo por considerarlo imperfección: incluso del misterio de Cristo en su humanidad. Nadie que piense así, podrá disfrutar de las variadas muestras de amor de las Sextas Moradas. En este camino espiritual nunca debe dejarse la meditación en estos misterios de la vida, muerte y resurrección de Cristo. Esto, porque el mismo Jesucristo nos dijo que Él era el camino hacia el Padre. Por otra parte, no podemos estar siempre en contemplación y la voluntad hay que encenderla al amor por la meditación.

Cuando no se siente la presencia de Dios, hay que buscarla, y nos ayudará el mismo Jesucristo: Querríanse siempre estar allí, y no puede ser; más quedan con esta merced del Señor de manera que después discurrir en los misterios de la pasión y de la vida de Cristo como antes.” (M 6, 7-7).

Habitar las Sextas Moradas no significa olvidar las anteriores. El capítulo 7 de las Sextas Moradas y el 22 de la “Vida” nos recuerdan que el Itinerario Espiritual teresiano tiene en la imitación y seguimiento de Jesucristo hombre, su clave de comprensión última. En las Sextas Moradas viviremos si Dios quiere, experiencias de amor muy subidas, pero serán momentos puntuales, aunque mucho más duraderos que en Moradas anteriores.

¿De qué van acompañadas las Sextas Moradas?

Para concluir, las Sextas Moradas van acompañadas de grandes regalos del Esposo que deberemos acoger desde la permanente y constante visita a las primeras Moradas. Cuando el regalo se presente, lo aceptaremos gustosos, dejando la meditación mientras dure, para después volver a ella.

¿Qué nos aporta un estudioso en la cristología teresiana?

Un estudioso en la Cristología teresiana nos aporta: “Sin duda, lo más peculiar de la Cristología de Santa Teresa es su pensamiento sobre la Humanidad de Jesucristo. Ella contribuyó en gran medida a revalorizar lo humano del Señor y a clarificar su puesto en el plan de Dios. Esta clarificación fue, si se quiere, más intensa por ser elaborada a partir de la experiencia y no de la simple teoría. Sin saberlo explícitamente, rechazó sin ambigüedades el neoplatonismo que estaba infiltrando la Cristología. Si el centro de su amplia experiencia mística ha de ser localizado en la Humanidad de Jesús, su espiritualidad se situará necesariamente en la redención de lo humano, en toda su amplitud. De ahí que cuando defienda la absoluta necesidad de la Humanidad de Jesús en el proceso de la época, y para evitar sufrimientos a los espirituales de ayer y hoy, insiste, apoyándose en la palabra de Dios, que es solo por medio de Cristo, su Humanidad, como se llega a alcanzar la madurez espiritual y arribo a las Séptimas Moradas.

“…yo les aseguro que no entren a estas dos Moradas postreras; porque si pierden la guía, que es el buen Jesús, no acertarán el camino; harto será si se están en las demás con seguridad. Porque el mismo Señor dice que es camino; también dice el Señor que es luz y que no puede ninguno ir al Padre sino por Él; y “quién me ve a mí, ve a mi Padre”. Dirán que se da otro sentido a estas palabras. Yo no sé esos otros sentidos; con éste que siempre siente mi alma, ser verdad, me ha ido muy bien” (6M 7-6)

Como se ha afirmado todo el capítulo 7 de las Sextas Moradas es de contenido Cristológico, para ampliar todo esto que hemos afirmado, constatar todos los números 8 al 15 del mencionado capítulo.

3.- Oraciones del alma convertida al amor.-

El visitante de las Sextas Moradas, experimentará diversa formas de oración, admirado de las maravillas que Dios puede obrar en las personas que desean seguir los pasos de su hijo Jesucristo. También debe aclarar, si ha pasado por situaciones parecidas, aunque no las haya vivido con la misma intensidad que Teresa, y por último nunca forzará para que se den en él (ella) aunque si pueda y deba desearlas.

Un extenso abanico de experiencias oracionales, con un denominador común, el AMOR, se abre ante el caminante, dicho en lenguaje teresiano, cuando la persona esté “tierna de amor” (M6.6,1). La entrega de la voluntad de las Quintas Moradas, despertó el ser más profundo de la persona en quién creció el deseo de amar y ser amado. Cada poro de su ser transpira el deseo del encuentro, por eso conjuga con facilidad, la vida con la contemplación, la oración con la acción. Marta y María, ya caminan juntas; los regalos y la comunicación con Dios, van a darse estando en oración, o bien, en medio de las tareas diarias. En las Sextas Moradas, el amor hace posible mezclar ambas cosas, algo que culminará en las Séptimas.

Cuando la mística se sustenta en la vida diaria (M6.1)

Ni somos ángeles, ni estamos en el cielo, ni la persona al llegar aquí es perfecta, ni nos escapamos mediante ensoñaciones de una paz inexistente, para esperar recibir de Dios el aprendizaje del amor. Un conjunto de trabajos interiores y exteriores nos los advierte Teresa, va a hacer difícil el camino hasta llegar a la consumación del matrimonio en las Séptimas Moradas. O mejor dicho, en el corazón de los problemas se revela la misericordia de Dios, de la manera más sencilla.

Ante un cúmulo de dificultades que afectan profundamente a la persona, el siervo del amor debe aguardar en la misericordia de Dios (6M 1-10), entregarse a la actividad exterior, entender en obras de caridad y exteriores (6M 1-13). A veces, da la impresión de que Dios se oculta tras los problemas, y se llega a pensar que lo vivido hasta aquí ha sido un sueño imposible. Queda la persona desamparada, sin que nada ni nadie la consuele, porque quiere el Rey que le conozcamos bien y descubramos nuestra miseria (6M, 1-15). Pero no tardará en llegar la misericordia, que producirá en el caminante, grandes transformaciones en su manera de amar. Cambiará sin apenas esfuerzo por su parte. El Dios de Jesucristo nos irá mostrando el camino del amor a través de diferentes experiencias.

  • El despertar o la pena sabrosa (6M 2-3-4) Ya tenemos el terreno donde germinará el amor, la misma vida con sus dificultades. En medio de todos estos pesares, Dios llama al alma de diferentes maneras para irla despertando.

¿Qué pasa mientras sucede esto?

  • Mientras sucede todo esto, la persona siente que Dios la llama desde el centro del alma, como un silbo a un cometa que pasa de repente. Acontece sin estar en oración e incluso en momentos en que Dios ocupa el pensamiento.

Del fuego del amor de Dios salta una centella que la toca, de manera que siente el fuego, que no llega a quemarla. Se enciende el amor, y no es posible disfrutarlo, y esto produce una pena que va y viene y no llega a abrazar el alma. “Pena sabrosa” “pena deleitosa”, llamará Teresa a esta oración (Leer 6M 2,2)

¿Quién, habiendo estado enamorado no ha pasado por experiencias similares? Estando en la distancia, los que se aman se acuerdan muchas veces uno del otro; esto acrecienta el amor y el deseo, pero no se puede gozar de su presencia. Queda herida de amor.

Al mismo tiempo, la deja con tanta paz que está segura de que no es obra del demonio. Queda la persona, tras esta experiencia, muy preparada para sufrir por el Esposo, acepta todos los trabajos que puedan venir por Él y procura apartarse de todo lo que pueda separarle (M6.2,4). No hay amor adulto sin deseo intenso y sin dolor por no poder alcanzarlo.

  • La inflamación deleitosa (6M 2,8) Otras veces, este despertar del alma se produce sin pena sabrosa. Estando descuidada, viene de repente una inflamación deleitosa al alma, solo para dar a sentir, que está allí el Esposo; mueve un deseo sabroso de gozar el alma de Él. El esposo hace sentir que está allí, quiere el alma gozarlo, y de ahí nacen alabanzas dando gracias a Dios. Este regalo es más frecuente que el anterior y más normal. El Amado viene a la memoria, se nota su presencia y se agradece. De estas dos formas de oración, parece desprenderse que el amor elevado entre Jesucristo y el alma, utiliza los mismos ardides que el amor humano. El juego amoroso se llena de presencias y ausencias, llamadas y silencios. Acrecentar el deseo en la ausencia, colma de satisfacción y nos da la seguridad de sabernos amados.

La comunicación con el Amado: las hablas (6M 3). El diálogo forma parte constitutiva del ser humano. En la relación entre personas es imprescindible, y también en la relación con Dios. Sabemos que Dios nos habla a través de las escrituras, que los creyentes consideramos Palabra de Dios. A través del cosmos, de la historia, de la Iglesia con los Sacramentos, del diálogo entre personas, etc., también se comunica Dios con nosotros. Pero en esta forma de oración Teresa nos refiere a otro modo de hablar con el alma, mediante palabras que emergen desde el interior y provocan un diálogo profundo e íntimo.

¿Qué nos advierte Teresa?

Ella nos advierte que precisaremos de unas “señales”, para poder discernir si son de Dios, del demonio o de la imaginación. Asunto este muy delicado, por donde pueden venir engaños que debemos atajar. (6M 3,4).

En “Vida” (24,5) escribe Teresa, que andaba pensando si debería dejar ciertas amistades, no muy convenientes, cuando escucha interiormente, por vez primera, estando en oración, las palabras siguientes:” Ya no quiero que tengas conversación con hombres, sino con ángeles”. Comprendió de inmediato la necesidad de cambiar de amistades, buscando desde entonces, no tener amor particular, sino a personas que entiendo lo tienen de Dios” (V24, 6). Habían comenzado “las hablas”. Nos dice en “Vida” (25,1): “Son unas palabras muy formadas, más con los oídos corporales no se oyen, sino entiéndase muy más claro que si se oyesen; y dejarlo de entender, aunque mucho se resista, es por demás”.

¿Qué pasó a partir de este momento, en la vida de Teresa de Jesús?

A partir de este momento, las hablas se multiplicaron para Teresa, en función de las circunstancias que le tocaba atravesar; estando en alboroto espiritual, escuchaba: No tengas pena”; se encontraba afligida y oía: “Yo soy, no hayas miedo hija, que Yo soy y no te desampararé; no temas” (V 25,8). En definitiva, las hablas personales, vienen por sorpresa, sin intervención de la persona, para ayudarla en momentos de dificultad. No adivinan el futuro, ni se inmiscuyen en los acontecimientos históricos. En el caso de Teresa, quedan circunscritas a su situación espiritual o bien a cuestiones relacionadas con su tarea apostólica.

Sucede que muchos creyentes disfrutan sin saberlo de hablas, vividas con menor o mayor intensidad, ¿Por qué negarlo? Lo humilde será reconocerlo sin rodeos y sin creernos superiores a nadie. Eso sí, como nos advierte Teresa, dilucidemos si son autenticas o si son fruto de nuestra imaginación. (6M 3,4; 6M 3,5; 6M 3,6; 6M 3,7; 6M 3,10)

Si los requisitos mencionados anteriormente se cumplen, cfr. (6M 3,11; V 25,4; V 25, 6; 6M 3, 4; V5, 12) (Recomendaciones de la Santa a este respecto)

De todas las hablas recibidas por Teresa en las Sextas Moradas, la de mayor importancia para su vida y teología, será sin lugar a dudas, ésta: Estas, me dice Su Majestad, muchas veces, mostrándome gran amor: Ya eres mía y Yo soy tuyo” (V 39, 21)

El amor expresado en palabras y repetido muchas veces, establece una relación entre la esposa y El Esposo, de mutua unión, sin que por ello se deje de reconocer la diferencia entre ellos. Ese aspecto de mutua posesión, que todo amor auténtico ha de tener, produce un intercambio de vidas.

  • Los arrobamientos: (cuando alguien nos quiere del todo) (6M, 4).

¿A qué es igual la oración de arrobamiento?

Antes de profundizar en esta experiencia tan subida, recordamos los principios: todas las formas de oración, pueden ser vividas con menor o mayor intensidad (R5 y V 21,8); igualmente, todas pueden y deben ser interpretadas desde el amor humano. Apoyándose en estos dos principios, la oración de arrobamiento, es igual, en la experiencia humana, a sentirnos totalmente acogidos, queridos y perdonados por la persona amada. Las equivocaciones pasadas se borran de un plumazo al ser asumidas, aceptadas y perdonadas. De esta manera se ve satisfecha la profunda necesidad del ser humano de ser amado totalmente. El conocimiento propio ha sido una constante desde el comienzo del itinerario, acompañado por el deseo de ir conjugando la experiencia religiosa con el comportamiento moral. En este camino, el sacramento de la Reconciliación se convierte en un verdadero bálsamo, auténtica medicina de la que se ha servido Dios, para acoger, perdonar, dar paz y esperanza al Siervo del amor. Sabemos que Dios nos perdona y nos acoge en su misericordia infinita.

¿A qué hace referencia la oración de arrobamiento?

Entonces, la oración de arrobamiento, tal como las describe Teresa en las Sextas Moradas, hace referencia a las consecuencias del Sacramento de la Reconciliación. En un acto de amor inmenso, la persona entiende que Jesucristo le ha perdonado todo. Se siente plenamente aceptada y amada en toda su historia. Es como una confesión grandiosa, como si de una vez por todas el Sacramento hubiera producido un efecto duradero y transformador; la persona se siente radicalmente amada. Dios nos enseña a amar, amándonos hasta las entrañas. (Leer 6M 4,3). Observemos la frase entre paréntesis añadida al margen por la propia santa, ante la indicación de un censor temeroso de que ella menospreciara el valor del Sacramento de la Reconciliación

¿A dónde llegamos con el arrobamiento?

Con el arrobamiento llegamos a un momento clave en el itinerario, porque en él queda sellado el desposorio espiritual.

¿A qué equivalía el desposorio en el siglo XVI?

En el siglo XVI, dentro de los ritos previos del matrimonio, el desposorio equivalía al compromiso matrimonial, aunque los amantes no vivieran juntos, ni se hubiera consumado el matrimonio. Para todos los efectos, eran ya, marido y mujer. (Leer 6M 4,2)

En -V 33,14- escribe Teresa, la primera experiencia de arrobamiento que vivió (Estaba preparando la fundación del Monasterio de San José de Ávila).

¿Cuál es la diferencia con la oración de unión?

En conclusión, los arrobamientos continúan la labor emprendida con la oración de unión, y consisten en una fuerte experiencia amorosa mediante la cual, la persona se siente totalmente amada, y perdonadas todas sus culpas pasadas. Sellan el desposorio espiritual, y el Amado y la amada quedan comprometidos hasta consumar el matrimonio. Y, junto a las hablas, van preparando al verdadero amador a ser creativo en la sociedad y en la Iglesia. (Leer R 5.7-8)

El vuelo del espíritu

¿Qué es el vuelo del espíritu?

Es una modalidad de arrobamiento similar a la anterior, aunque por dentro se sienta distinto (V 18.7). En los escritos teresianos también se conoce con los nombres de arrebatamiento” o “éxtasis” (V 20.1). “…porque muy de presto algunas veces se siente un movimiento tan acelerado del alma, que parece es arrebatado el espíritu con una velocidad que pone harto temor, en especial a los principios… (M 6.5.1). Es una experiencia como la que vivió San Pablo al ser arrebatado al cielo, donde escuchó palabras inefables (2ª Cor 12,2-4). Son las joyas que da el Esposo para que, grabadas en la memoria, no las olvide hasta que las goce para siempre (M 6.5.9); cf. (También: R 5.11-12).

¿De qué le hace partícipe el Señor?

Como los trabajos y penas que tiene el amor son a menudo insufribles, nuestro Señor le hace partícipe de todos los dolores de su Pasión, al tiempo que la anima “…díjole el mismo Crucificado, consolándola, que él le daba todos los dolores y trabajos que había pasado en su Pasión, que los tuviese por propios, para ofrecer a su Padre. Quedó aquel alma tan consolada y tan rica, según de ella he entendido, que no se le puede olvidar; antes cada vez que se ve tan miserable, acordándosele, queda animada y consolada” (M 6.5.6).

En M6 5,10 Teresa nos dice: “…estas son las joyas que comienza el Esposo a dar a la esposa”. Se sabe completamente amada, y sellado el desposorio, Cristo la hace partícipe de sus cosas; desde ahora la amada participa de la vida del Amado en comunión de amor. Esta entrega de joyas abre la puerta a la mutua donación de amor: Lo que Yo tengo es tuyo”. La entrega de la voluntad es una realidad ya vivida. El desposorio se ha realizado. ¡Oh, válgame Dios, qué claro se ve aquí la declaración del verso, y cómo se entiende tenía razón y la tendrán todos de pedir alas de paloma! (Sal 57,7). Entiéndase claro es vuelo el que da el espíritu para levantarse de todo lo criado, y de sí mismo el primero: mas es vuelo suave, es vuelo deleitoso, sin ruido. ¡Qué señorío tiene un alma que el Señor llega hasta aquí, que lo mire todo sin estar enredada en ello!” (V 20.22.25).

¿Qué acaba de recibir el alma?

La gran joya: La libertad del amor.

Este tipo de oración llegó a provocar en Teresa levitaciones en público (M 6.5.1; V 20.4). La Santa le pidió a Dios que estas mercedes se las hiciera en privado. Al redactar “Vida” habían desaparecido las muestras externas, y en las Séptimas Moradas desapareció este tipo de arrobamiento. También pueden nacer de aquí grandes deseos de morirse, para disfrutar plenamente del Amado. La poesía más conocida de Teresa se puede situar en este tipo de oración. Un pequeño fragmento de la misma:

“Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero,

Que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí, después que muero de amor;

Porque vivo en el Señor, que me quiso para sí:

Cuando el corazón le di puso en él este letrero,

Que muero porque no muero”.

Oración de júbilo

¿En qué consiste esta oración?

El alma anda “tierna del amor dirá Teresa. Dentro del cúmulo de experiencias que englobamos bajo el título de “pena sabrosa”, da el Señor de repente, otra merced que produce una alegría explosiva, un júbilo inmenso. Es una alegría tan grande, que quisiera transmitirla a gritos. Se parece a la fiesta organizada por el padre del hijo pródigo cuando éste volvió a casa. Puede durar hasta un día el gozo; es un estado de euforia difícil de contener (M 6.6.10). Esto le sucedía a San Francisco, que andaba por el campo dando voces, porque era pregonero del gran Rey, y le era imposible poder ocultarlo; o a san Pedro de Alcántara, quien hacía lo mismo, y lo tenían por loco (M 6.6.13). También se le llamará “arrobamientos de contentos”. Es un camino para ser felices.

  • Visiones intelectuales (6M 8). Si Dios quiere, cuando quiere y a quién quiere, podrá ser que invitara a entrar en una nueva habitación, para comunicarse con el alma de una manera secreta y admirable: la llamada “visión intelectual”. En su forma más sencilla, apareció en la vida de Teresa bajo forma de una vaga presencia de Dios. Es una habitación llena de agradables sorpresas. Existe una presencia en la ausencia, a la cual alude esta visión. Se trata de explicar la misteriosa compañía que inunda la vida de la esposa en la ausencia física del Esposo. La persona amada está en mí, no puedo verla ni tocarla, pero ella baña mis días, acompaña mis quehaceres, me colma de dicha. De algo así se trata.

¿Qué se produce en estas moradas?

En las Sextas Moradas se produce, como lo vamos comprobando, una gran concentración cristológica. Ha querido el buen Jesús sellar una alianza matrimonial con la esposa, para conducirla a las bodegas del buen vino, donde le enseñaran a amar. De la vaga presencia de Dios, vivida en las primeras Moradas, hemos pasado a una presencia más personal en las posteriores. De la asistencia pasiva a la Eucaristía, hemos pasado a la experiencia de una presencia real en las Quintas Moradas. En un constante repliegue hacia el interior de la persona, quiere Jesucristo, en los comienzos de esta merced, hacerse presente acompañando a Teresa a su derecha. Sin ver nada con los ojos ni del cuerpo ni del alma, se tiene la seguridad de caminar por la vida en compañía del Señor. (Leer 6M ,2) cfr. (V 27,2).

Visiones imaginarias (6M ,9) Una nueva forma de comprender a Cristo, acaba de abrirse paso en la vida de Santa Teresa, no solo por la nueva percepción de la imagen viva del Señor, sino por pasar del cielo de la pasión, al cielo de la resurrección. Ella, tan aficionada a meditar toda su vida, el misterio de la Pasión y Muerte de Cristo, empieza a comprender por experiencia la importancia de la resurrección. La imagen viva del Señor se mostraba de improviso, tal como andaba en el mundo o después de resucitado, pero siempre en carne glorificada. (Leer 6M 9, 3-4) Imagen viva que le habla, le muestra secretos, se graba en las entrañas, se esculpe en el alma, Señor del cielo y de la tierra, Juez del universo. La experiencia se irá haciendo cada vez más profunda, llegará a poder contemplar aquellos ojos de su Señor (6M 9,7). El Esposo la está sanando. El amor cura. El cielo comienza en la tierra, en el silencio del amor.

La suspensión en Dios, o el conocimiento intuitivo (M6.10)

¿En qué consiste esta habitación?

El amor nos capacita para sumergirnos en el cerebro de la persona amada y, en muchas ocasiones, comprender sus deseos, descubrir sus aspiraciones, adivinar sus intenciones. El amor humano, recibiendo el ser del otro por amor, queda capacitado para salir de sí mismo al encuentro de la otra persona: viajar hasta sumergirse en el ser del otro. En este ámbito de la experiencia humana se inserta la experiencia religiosa del conocimiento por intuición que Teresa denomina “oración de suspensión”. La Iglesia le reconoce al creyente una especie de sexto sentido que le capacita para asimilar los misterios de fe, incluso sin haberlos estudiado, como regalo de Dios; advierte Teresa que casi siempre será así.

Dios pone en el interior del alma lo que quiere que entienda. Primera manifestación. (V 27.6). En otras ocasiones –pocas- las potencias del alma, centrándose toda la persona en lo que va a suceder, quiere Dios que el entendimiento entienda sin hacer el alma nada por conseguirlo. Segunda manifestación (V 27.7). Es un aprendizaje sin esfuerzo por nuestra parte.

El juego de miradas de las primeras Moradas alcanza aquí y en la oración imaginaria su máxima realización. Mirarse sin ver, aprender sin estudiar, comprender mirándose, amar sin saber. (V 27.11.12).

“Es imposible tener memoria de cosa de nuestro Señor”,

o la noche oscura teresiana (M 6.11)

En una especie de entusiasmo exultante, el creyente, o el recién convertido, quiere cambiar el mundo. Teresa también pasó por este trance. Le crecía tanto la devoción que se le ponía un desasosiego en el pecho que le impedía hasta respirar. El sentimiento fervoroso-dirá ella- la tenía acelerada.

¿Qué aconseja Teresa?

Con su sabiduría aconseja acallar a ese niño que llevamos dentro con un regalo de amor, hasta que aprenda a amar “por vía suave y no a puñadas”, porque el deseo amoroso hay que saber encauzarlo con un trabajo interior lento: “Así que es menester gran discreción a los principios para que vaya todo con suavidad y se muestre el espíritu a obrar interiormente” (V 29.9). Esta es la forma más sencilla de esta habitación.

¿Cómo es la experiencia de la “Noche Oscura” en Teresa, en esta habitación?

Dios quiso llevarla a una nueva experiencia amorosa, dándole “unos ímpetus grandes de este amor” que sentía por Dios. Quisiera morir para verlo cara a cara, al no poder soportar por más tiempo su ausencia. Encendida en el fuego del amor, queda abrasada con una saeta que le clavan en el corazón. Dios parece llegar al alma y dejarla herida de amor, lo que le produce, por una parte, un fuerte dolor por la ausencia del Esposo, y por otra, un deleite de saber que es Él quien lo hace. Teresa lo llamará “pena sabrosa” (V 29.8-11). Experiencias dobles: dolor y deleite, provocadas por la lejanía del Esposo. Por una parte desea la muerte y el encuentro definitivo; por otra, encendida en amor como está, daría cualquier cosa por ayudar al Esposo.

¿Cuándo culminará este proceso?

El matrimonio espiritual de las Séptimas Moradas culminará el proceso descubriéndole la escatología realizada gracias al encuentro pleno con el Resucitado. En este contexto, Teresa relata una modalidad de esta experiencia. La conocemos como la “transverberación”. (V 29.13). Dolor y suavidad, ausencia y presencia, pena sabrosa: dos contrarios unidos inexplicablemente. Presencia gozosa de Dios y sufrimiento por su lejanía. En la opinión del padre Antonio es la forma religiosa que tiene Teresa de gritar con los primeros cristianos ¡Maranatha!, ¡Ven, Señor Jesús!

Teresa ha sido conducida por el Esposo, al desierto de la soledad absoluta, al igual que los profetas bíblicos, al igual que Jesucristo en la cruz. Le surge la “pena delgada y penetrativa” que le hace preguntarse con el salmista: “¿Dónde está tu Dios?” Otras veces cree, con San Pablo, estar crucificada entre el cielo y la tierra. “Bien entiende que no quiere sino a su Dios, mas no ama cosa particular de Él, sino todo junto le quiere y no sabe lo que quiere” (V 20.10-11). Años vivirá Teresa intercalando cruz y vida. (Leer poesía 19).

Teresa pierde el miedo a todo lo que pueda sucederle en la tierra, porque ya no encuentra sufrimiento comparable al que acaba de pasar; queda desasida de todo lo creado, porque ya sabe que sólo en Él encontrará el verdadero consuelo (M6.11.10).

Esta habitación es muy importante, para conocer un poco más a Santa Teresa de Jesús.

4.- El cambio de la persona por el amor.-

Los grandes cambios personales comenzaron en las Quintas Moradas, al entregar la voluntad en las manos de Dios. “Daba comienzo a otra vida nueva, vivía Dios en mi “(V 23, 1) Al salir de sí y quedar descentrado y volcado en Dios, el siervo del amor se encuentra consigo mismo. De ahí deducimos que las Sextas Moradas se inician en el momento de la conversión adulta. El aprendizaje en el amor, da comienzo en el instante. Vistas en su conjunto, las Sextas Moradas constituyen un tratado sobre el modo en que una persona puede transformarse en amor, llegando a ser ella misma. Tantas experiencias relativas al amor casi consumado, transforma a la persona totalmente, sin apenas esfuerzo por su parte, anunciándole una plenitud cercana que muy pronto se verá hecha realidad, en las Séptimas Moradas. Sigamos ahora la pista a las anotaciones hechas por Teresa referentes a la transformación personal de la amada en las Sextas Moradas, o con lenguaje teresiano, abundaremos “en las gracias y efectos que quedan en el alma” (V 18,6) Mencionaremos explícitamente los cambios producidos en la persona.

Las promesas, deseos y determinaciones heroicas, de las primeras Moradas se han hecho realidad en las Sextas (V 29,2). Los efectos de la oración del despertar son: Se determina a padecer por Dios (6M 2, 6); descubre la vanidad del mundo (V 19, 2); queda decidida a apartarse de los contentos y vanidades y conversaciones de la tierra (6M 6, 2-6).

Si por los regalos que le hace Dios en estas Moradas, se llega a sentir superior a los demás, puede estar convencida de que no es espíritu de Dios. Cuanto más de Dios sea la merced, se tendrá en menos, vendrán a su memoria los pecados pasados.

La voluntad, toda ella empleada en hacer la voluntad de Dios, sin buscarse a sí misma. Sabe que no merece ningún regalo. (6M 3, 17). Queda completamente a disposición de Dios para lo que quiera, (6M 5, 15); desea entregarse a su servicio (6M 8, 4) La muerte deja de ser un problema (V 38, 5) Adquiere una gran paz interior (6M 8, 7); Queda todo sosegado (6M 9, 10).

5. Renovar el Reino y la Iglesia.-

Veamos en esta habitación las consecuencias prácticas de la historia de amor entre Cristo y Teresa, y busquemos las aplicaciones a nuestra realidad eclesial. El amor crecido nunca permanece estéril. Teresa se decide a fundar monasterios, cuando está atravesando las Sextas Moradas. Andaba con mezclas de períodos de noche y de deleite, arrastrando la pena sabrosa, preguntándose qué podría hacer ella para ayudar al Esposo (V 32, 9) (Es aconsejable aquí, leer nuevamente los capítulos 32- 36 de “Vida”).

Las fundaciones del Carmelo, femeninas y masculinas, hallan su raíz en la vida espiritual de la Santa, coincide el aprendizaje en el amor adulto con la creatividad y la acción. Su pretensión era bien fácil: reproducir el colegio de Cristo con doce monjas y una Priora, cumpliendo de verdad el evangelio. Los monasterios querían ser una respuesta a la división de la Iglesia, entre católicos y protestantes, además de una contribución al apostolado que se estaba desarrollando en América.

El ejemplo creativo de Teresa aviva la necesidad de encontrar aplicaciones de sus ideas a los tiempos actuales. Los cristianos, aún no hemos tomado conciencia suficiente de lo que significa el que Pablo VI la nombrara Doctora de la Iglesia universal. Hoy su magisterio desborda todos los límites, para llegar a convertirse, gracias al doctorado, en patrimonio de toda la Iglesia y de la cultura.

El Itinerario Espiritual Teresiano y sus instrucciones con respecto a la creación de pequeñas comunidades cristianas, puede ayudar a regenerar la Iglesia Católica, en su crisis actual. Los que vienen ayudándose desde las Segundas Moradas, haciéndose espaldas”, pueden crear, siguiendo a Santa Teresa, pequeñas comunidades eclesiales, aprovechando la red internacional de la familia Carmelita, o bien, apoyándose en las parroquias, estructura básica de las Diócesis, también necesitadas de una renovación.

Recuerde

ü El secreto de la vida se resume en una palabra: amar. Un arte que debemos aprender.

ü Dentro de las experiencias amorosas hay diversas intensidades.

ü Las experiencias místicas descritas están arraigadas en profundas experiencias humanas.

ü Una de ellas, el arrobamiento y el consiguiente júbilo, sella el desposorio espiritual. Cuando el creyente recibe el sacramento de la Reconciliación, se está acercando a la experiencia mística.

ü Hoy en día podemos encontrar bastantes creyentes que hayan vivido de alguna manera las hablas, el arrobamiento y la noche oscura.

ü Acuda sin miedo a las Sextas Moradas para aprender el amor y sus diferentes grados.

ü Visite las Quintas y las Sextas en Cuaresma y Semana Santa.

ü Compare sin cesar su forma de amar con la de Jesucristo y la de Santa Teresa. Son un tratado de amor humano y divino.

Oración

“Bien veo yo , mi Señor, lo poco que puedo; mas llegada a Vos, subida en esta atalaya adonde se ven verdades, no os apartando de mí, todo lo podré; que si os apartáis, por poco que sea, iré adonde estaba, que era el infierno” (V 21.5). (Leer la poesía No. 3)

Siglas: V: Libro de Vida CV: Camino de Valladolid M: Moradas

¿Cómo leer las siglas? (M 4 1,1). Quiere decir, 4tas Moradas capítulo 1, párrafo 1 / ( V 14.5). Vida, capítulo 14, párrafo 5. / (CV 30.5). Camino (Valladolid) capítulo 30, párrafo 5

Bibliografía: Antonio Mas Arrondo, Acercar el Cielo. Itinerario espiritual con Teresa de Jesús. Editorial: Sal Terrae

Ponente: Elena Briceño

5tas. Moradas

Castillo Interior

Lugar de encuentro Místico entre Dios y el alma

Quintas Moradas

El abandono de la voluntad para renacer a Dios

Las Quintas Moradas son el punto de partida del proceso de unión con Dios, que culminará en las Séptimas Moradas, y a la vez, es el punto de llegada de todo el proceso ascético-místico anterior. Llegar a las Quintas Moradas, es sinónimo de haber transitado un camino de conversión serio y profundo, es un comenzar a "gozar del cielo en la tierra" (M5 1.2).

Quintas Moradas: Muere el gusano de seda; el hombre renace en Cristo ("Nuestra vida es Cristo", M5 1.12); enamoramiento (Llevóme el Rey a la bodega del vino", M 5 2.4). Estado de unión y conformación con la voluntad de Dios, manifestada especialmente en el amor al prójimo.

¿Qué recibieron los discípulos en el Tabor?

Abundantes muestras de amor.

¿Qué reproducen estas Moradas, en la vida del cristiano?

Un aspecto fundamental de la Pasión de Jesucristo: el momento en que abandona plenamente su voluntad, en las manos del Padre. Se nos pide, sencillamente, que entreguemos lo que tenemos. A esta tarea de las Quintas Moradas se le llama comúnmente: "conversión de madurez".

¿Quiénes han visitado las Quintas Moradas?

Casi todas las personas que llevan una vida espiritual.

¿Qué hay en estas Moradas?

En ellas hay varias habitaciones, unas más profundas que otras, que pocos visitan, quizá por aquello que dice el evangelio, muchos son los llamados y pocos los escogidos (Mt 22,14; M5.1.2).

¿Además de la ayuda de Dios, qué se necesita aquí?

Se precisa que las virtudes estén muy crecidas y el alma muy preparada, porque se empieza a gozar bastante el cielo en la tierra.

¿Cuándo hacemos visitas esporádicas a las Quintas Moradas?

Cada vez que deseamos entregar nuestra vida a Dios. Cuando en la oración, y particularmente en la Eucaristía, ofrecemos nuestra vida a Jesucristo, estamos visitando estas Moradas. También cuando aceptamos a la manera de Cristo, las cruces que vienen en la vida, o las que conllevan el amor a los demás. O cuando decidimos y ponemos en práctica el amor a Dios y al prójimo con la mayor perfección. O cuando tenemos deseos crecidos de hacer algo por los demás.

¿Cuándo permanecemos en estás Moradas y, vamos camino a las Sextas?

Si experimentamos todos los aspectos de las Moradas; si nos hemos rendido del todo y hemos renunciado a ser los únicos artífices y gestores de nuestra vida, y hemos entregado completamente la voluntad en las manos de Dios.

¿Qué Moradas son éstas?

Las Moradas de la unión con Dios. No una unión estable y duradera, (objeto de las siguientes Moradas), sino una unión puntual, esporádica, aunque vivida intensamente. Aquí se incorporará decididamente la experiencia de la Trinidad, en la cotidianidad.

La generosidad de Dios está deseando derrochar amor, darse. Pero para poder recibirlo debemos morir a nosotros mismos, como muere el gusano de seda en la crisálida; soltar el lastre del yo viejo y esconderse en Cristo.

1.- Un Dios entregado al hombre.

¿Qué Dios aparece aquí?

El Dios que le da el tesoro escondido de la parábola. Ha sido una donación gratuita concedida por Dios Padre, por petición que Jesucristo hizo por nosotros. Dios, tal como lo concibe Teresa, no se encuentra en la lejanía del hombre, sino bien cercano, hasta el punto de llegar a encerrarse en las entrañas del creyente, con quien mantiene, si éste lo permite una comunicación fluida. Por gracia, los siervos del amor escuchan y siguen a Jesucristo en su humanidad, único camino de acceso a la divinidad. El Hijo nunca se remitió a sí mismo, sino al Padre. Todo el capítulo primero de estas Moradas establece la senda para llegar a la unión con Dios Padre. Todo el misterio de Dios en el pensamiento teresiano, se comprende en esa relación de amor activo con la persona. Teresa nos abrió camino, gracias a la vida de contemplación y de entrega a la voluntad de Dios.

"¡Oh secretos de Dios!, que no me hartaría de procurar dar a entenderlos si pensase acertar en algo, y así alguna vez atinase, para que alabemos mucho al Señor" (M 5.1.5).

En estas moradas la experiencia de Dios produce una unión grande: "...está su Majestad tan junto y unido con la esencia del alma..." (M 5.1.5); "en ninguna manera puede dudar que estuvo en Dios, y Dios en ella" (M 5.1.9). A esa comunión estamos invitados todos.

La oración del Padrenuestro, le sugiere a Teresa unos diálogos sobrecogedores entre el Padre y el Hijo, aplicables a las Quintas Moradas. El Padre eterno confía una misión a su Hijo en la tierra, haciéndolo "embajador" del género humano. El, con su vida y su muerte señala el camino hacia el cielo. Se abandona en el Huerto de los Olivos, a la voluntad del Padre: la consecuencia, será la cruz. Culminado el drama redentor, pide permiso al Padre para quedarse con los hombres cada día en la Eucaristía (cf. C 32-35).

¿Qué ha hecho el Espíritu Santo a lo largo del proceso?

Su "calor" ha ido dando vida a la persona hasta prepararla para la unión con Dios:

"Entonces comienza a tener vida este gusano, cuando con el calor del Espíritu Santo se comienza a aprovechar del auxilio general que a todos nos da Dios y cuando comienza a aprovecharse de los remedios que dejó en su Iglesia, así de continuar las confesiones, como con buenas lecciones y sermones, que es el remedio que un alma que está muerta en su descuido y pecados y metida en ocasiones puede tener. Entonces comienza a vivir y vase sustentando en esto y en buenas meditaciones, hasta que está crecida" (M 5.2.3)

Siendo consciente de ello, el caminante puede y debe encomendarse a Él para hacer la tarea de las Quintas Moradas. Comentando el Cantar de los Cantares, vuelve Teresa sobre el asunto: "Paréceme a mí que el Espíritu Santo desee ser medianero entre el alma y Dios y el que la mueve con tan ardientes deseos, que la hace encender el fuego soberano, que tan cerca está." (CAD 5.5).

La actividad del Espíritu "medianero", junto a la de Cristo, hará posible al caminante de estas Moradas la donación del yo viejo. Recurramos a Él sin dudarlo para suplicarle que alimente el fuego divino con su calor.

2. Jesucristo y la entrega de la voluntad.

Jesucristo nos llevará desde su Humanidad, a las fuentes del amor divino y nos bajará a las bodegas de la fiesta.

¿Cómo concibe Teresa las Quintas Moradas?

Dentro de otra petición del Padrenuestro, siguiendo su comentario: "Sea hecha tu voluntad; y como es hecha en el cielo, así sea hecha en la tierra". En ella aparece lo que Jesucristo quiere que demos a su Padre y lo que ofrece a cambio por nosotros: la voluntad (C 32.1-2). En el Monte de los Olivos Jesucristo dona su vida en los brazos del Padre, entregándole su voluntad. "Preguntadlo a su Hijo glorioso, que se lo dijo cuando la oración del Huerto. Como fue dicho con determinación y de toda voluntad, mirad si la cumplió bien en El, en lo que le dio de trabajos y dolores e injurias y persecuciones; en fin, hasta que se le acabó la vida con muerte de cruz" (C 32.6). De este modo Jesucristo nos abre el camino.

¿Cómo viven Padre e Hijo?

Viven inmersos en una relación de amor, hasta el punto de ser Uno. El Hijo acepta la voluntad del Padre en todo, porque a ello se comprometió en el Huerto de los Olivos. Lo hace sufriendo. Sabe también que sufrirá quedándose en la Eucaristía, por las injurias que recibe el Santísimo Sacramento.

¿Cómo define Teresa a Jesucristo por primera vez al hablarnos de las Quintas Moradas?

Lo define como "esclavo": "Esto os enternezca el corazón, hijas mías, para amar a vuestro esposo, que no hay esclavo que de buena gana diga que lo es, y que el buen Jesús parece se honra de ello" (C 33.4). La esclavitud de Cristo define la salvación del hombre, al colocarse libremente en el lugar del esclavo para liberarlo.

¿En el pensamiento teresiano, dónde comienza la Pasión?

Comienza en la Última Cena. Cristo acudió a ella a pesar de que intuía su terrible final. La urgencia del amor -opina Teresa- le incitó a hacerlo.

¿Cómo se presenta Jesucristo?

Como modelo para imitar. Todo lo que exige a los siervos del amor en estas Moradas, lo ha experimentado Él previamente. Siempre, sin cesar, remite al Padre, nunca se anuncia a sí mismo. Las ofensas que le hacen a su Padre, le duelen más que la propia Pasión. En aquellos momentos cumbres de su vida, Jesús nos dejó señalado el camino de estas Moradas. Como el gusano de seda se encierra en su capullo para morir y "renacer" como mariposa, Cristo será la casa donde vamos a encerrarnos, a fin de resucitar a una vida nueva, la del amor (M 5.1.4; cf. Col 3,3-4). Encerrarnos en su casa, para imitarlo en todo. La persona se encierra en Cristo para morir a sí misma y renacer en Dios. Sobre todo, muere el yo viejo. Hay que seguir a Cristo en la cruz, hasta cumplir la voluntad del Padre.

Al ser la voluntad, la potencia privilegiada (el mejor de los habitantes del castillo), porque de ella nace el amor, Teresa dirá que en estas Moradas, Dios conduce el alma a la bodega del Cantar de los Cantares, para enseñarla a amar. En las Cuartas Moradas, comenzó la fiesta del amor. Allí había agua pura del manantial. Ahora, en estas Moradas, sigue la fiesta y se disfruta del buen vino (M 5.2.12). La unión con Cristo en estas Moradas, no ofrece ninguna garantía de futuro, no da garantía de llegar a las Séptimas Moradas. Teresa pone el ejemplo de Judas, que acompañó a Jesús, pasó por la experiencia de las primeras Moradas, incluyendo las Quintas y, sin embargo, lo traicionó (M 5.4.7). Comparar la unión con Cristo, con la unión entre los seres humanos, puede ayudarnos a comprender la esencia de las Quintas Moradas. La entrega de la voluntad, se parece a dos personas que, tras un tiempo de conocimiento mutuo, y de disfrutar la una, de la presencia esporádica de la otra, en algunos momentos específicos de encuentro, al verse, durante un breve espacio de tiempo, experimentan fuertemente la unión de las dos voluntades. Exponen sus deseos, y llegan a acuerdos satisfactorios para ambos, ordenan a través del diálogo, las voluntades encontradas, porque han aprendido a ceder, para poder llegar a una voluntad unida. Entonces viven un momento profundo de unión. Si se sigue el camino adecuado y no se descuidan, esta relación puede llevar a puerto seguro.

3. La oración de unión.

¿Dónde entramos con la oración de unión?

Entramos de lleno en la experiencia mística profunda, es decir en el misterio del amor adulto, entre Dios y el hombre. Desde el principio, Teresa de Jesús confiesa la inefabilidad de la unión mística: "ni el entendimiento lo sabe entender, ni las comparaciones pueden servir de declararlo" (M 5 1.1).

En las Segundas Moradas, necesitamos disponer un tiempo para la meditación, para mirar a Cristo en silencio y, dejarnos mirar por El. Es, en esa franja de oración, donde van a surgir las experiencias de amor adulto de todas las Moradas místicas.

¿De qué disponemos para sumergirnos en esta forma de oración?

De cuatro habitaciones, unas de libre acceso y otras restringidas: La primera, de libre acceso, se llama sencillamente "oración de unión"; en la segunda, “oración eucarística”, de libre acceso también; la tercera, queda restringida a “quienes experimenten la profunda alegría que Dios concede, a quienes, ya se le empieza a dar”; la cuarta sala, "habitación con vista", porque se refiere a la primera vez que "ve" en su interior, la imagen de Cristo que lleva grabada, tras la reiterada contemplación de imágenes plásticas.

Oración de unión no regalada.

Como su mismo nombre lo indica, por "oración de unión" entendemos la unión entre Dios y el ser humano. En la teología teresiana, la unión del amor se realiza cuando el creyente ha entregado su voluntad a la de Dios, para lo cual, previamente ha conocido a la otra parte (Segundas Moradas), se ha decidido a amarle (Terceras Moradas) y ha gozado de los primeros síntomas de amor adulto (Cuartas Moradas). Entonces entrega su voluntad (Quintas Moradas). Esto sucede en un proceso de tiempo, dilatado en el tiempo, (aunque no hay regla fija) y por breve tiempo, porque los amantes todavía no tienen compromiso estable, (Sextas Moradas) ni viven juntos para siempre (Séptimas Moradas).

Para Santa Teresa de Jesús, hay que rendirse del todo a la voluntad de Dios, para llegar a la oración de unión estable en el tiempo, y para ello nada mejor que rendirnos ante la vida. Esta es la palabra clave: rendición absoluta. En tiempos anteriores, nosotros mismos éramos el centro. Es decir, que la persona, aún rezando y queriendo ser fiel seguidora de Cristo, llevaba las riendas de esta relación personal y de toda la vida. Ahora hay que dejar que el mismo Jesucristo sea quien tome las riendas.

¿A qué equivale dicha oración?

Equivale, en la experiencia humana, a la pregunta permanente que se hace cualquiera que ama a otra persona, por el deseo y la voluntad del otro. Están unidos, piensan en la persona amada, la tienen en cuenta a partir de ahora, antes de tomar cualquier decisión: ¿Qué querrá? ¿Cuáles son sus deseos y gustos? ¿De qué manera podría hacerla más feliz? El amor humano y el divino consisten en una relación de dar y recibir. Y como lo esencial de la persona es su querer, su voluntad, a partir de ahora, nos comprometemos a contar con El, a preguntarle, a descentrar nuestra vida, dejando cualquier protagonismo, para abandonarla en las manos misteriosas de Dios. Una vida descentrada de sí misma por amor, abandona el camino estéril del narcisismo, se humaniza y, por ello, se diviniza. La experiencia mística ilumina la experiencia humana, y viceversa.

Oración de unión regalada

En ocasiones, puede suceder que algunas personas, reciban un gran don de Dios, como consecuencia de ofrecerle su voluntad. Habitualmente, suele suceder estando en oración de meditación, y cuando todo lo que ofrece la sociedad, e incluso nosotros mismos, nos parece relativo. La persona se queda "traspuesta" ante Dios. Memoria, entendimiento y voluntad quedan fijos en El, sin entender nada, tan sólo amando. Se produce un instante de unión íntima con Dios, unión de amor, quedando todas las potencias absortas, centradas en lo que está sucediendo, sin poder actuar en otra cosa. Dios actúa en el alma, dejando una gran paz y alegría interior. Sucede probablemente, tras años de conocimiento mutuo. Llegado el momento, sobran las palabras entre amantes: basta con amar en silencio. ¿De qué clase de amor estamos hablando? No estamos hablando de amor físico, tampoco de enamoramiento. Aquí es algo más profundo: en la unión de las Quintas Moradas, la voluntad ama y se deja amar, en silencio, por breve tiempo, quedando en gran paz..."en fin, como quien de todo punto ha muerto al mundo para vivir más en Dios, que así es: una muerte sabrosa, un arrancamiento del alma de todas las operaciones que puede tener estando en el cuerpo" (5M 1.3-4). "Muerte sabrosa" dice Teresa, porque al darme, me reencontraré con un yo renacido. Impresionante paradoja, ésta de renacer al morir, preludio de la resurrección futura y eterna que se nos ha prometido.

. Oración con vista.

Aquí en las Quintas Moradas, esta oración con "vista" hace posible que, en la oración de unión, la voluntad del uno se entregue a la del otro y se miren. La esposa ve por primera vez al esposo, Jesucristo en persona, y queda enamorada:

"Allí no hay más dar y tomar, sino un ver el alma, por una manera secreta, quién es este esposo que ha de tomar; porque por los sentidos y potencias, en ninguna manera podía entender en mil años lo que aquí entiende en brevísimo tiempo; mas como es tal el Esposo, de sola aquella vista, la deja más digna de que se vengan a dar las manos, como dicen; porque queda el alma tan enamorada, que hace de su parte lo que puede, para que no se desconcierte este divino desposorio" (M5.4.4).

¿De qué se trata esta oración?

De una comunicación "por una manera secreta", "en brevísimo tiempo", hasta quedar enamorada. Experiencia distinta de las ofrecidas en la oración de unión y en la oración de unión regalada. Tampoco se parece a la certeza que queda como resultado, de la unión de las potencias, con Dios. En consecuencia, la oración con "vista", puede considerarse una experiencia distinta a las anteriores. "Ya el alma bien determinada queda a no tomar otro esposo" (M6 1.1).

El ser humano dispone de la capacidad de ver sin ver, de saber que alguien está ahí, de frente, y hasta puede afirmar y reconocer con seguridad que es Él, más no puede delimitar sus facciones, ni describir su figura. Esta presencia del otro, tan distinta como sorprendente, al principio, no permanece pasiva: me está amando. Ver en la oscuridad, distinguir sin límites, presencia amorosa en silencio.

La Eucaristía, escuela de ofrecimiento

El siervo del amor, viene participando del sacramento de la Eucaristía, desde los inicios del Itinerario Espiritual. Sin embargo, será ahora, al visitar o vivir en las Quintas Moradas, cuando comprendamos su sentido en profundidad. Sabiendo Jesús, las dificultades que se presentan al entregar la voluntad, quiso estar con nosotros, cada día en la Eucaristía, para ayudarnos y animarnos a conformar nuestra voluntad con la de Dios: "Pues visto el buen Jesús la necesidad, buscó un medio admirable adonde nos mostró el extremo de amor que nos tiene, y en su nombre y en el de sus hermanos, pidió esta petición: "El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, Señor" (C 33.1).

La Eucaristía, será en la teología teresiana, pan que alimenta; pero será sobretodo, imitación de Cristo, en el acto de ofrecerse a Dios y a la humanidad.

El momento de la comunión será el de máxima intimidad, porque la Eucaristía que se ha ofrecido, en acción de gracias, a Dios en el altar, continúa en el centro del alma. Cristo, divino huésped, se sigue entregando al Padre y a nosotros, como maná que alimenta para la vida eterna. De ahí, que la Misa sea la escuela donde, además de recibir el pan diario para el camino, aprendemos a entregar la voluntad, y a conformarla con la de Dios. El buen Maestro Jesús, quiso quedarse en la tierra, para enseñarnos esta difícil lección. No defraudemos a quien nos espera como siervos útiles, para el trabajo de su Reino.

"No se queda para otra cosa con nosotros, sino para ayudarnos y animarnos y sustentarnos a hacer esta voluntad, que hemos dicho, se cumpla en nosotros" (C 33.2).

4.- Entrega-Transformación-Conversión a Cristo.

Si a la experiencia de conversión adulta, ante un Cristo muy llagado, añadimos el resultado final del proceso, estaremos en condición de comprender la profunda transformación vivida por Teresa. (Leer V 9.1). La entrega de la voluntad en Santa Teresa, nos da aliento para nuestra propia conversión de personas adultas:

Teresa es consciente de que en su vida, sigue habiendo altibajos. Todo empezó en el convento de la Encarnación, mucho antes, tras arduos años de lucha interior. Se sentía insatisfecha de sí misma y gravemente desgarrada por dos fuerzas contrarias, Dios y el mundo. "Por una parte me llamaba Dios; por otra, yo seguí al mundo. Dábanme gran contento todas las cosas de Dios; teníanme atada las del mundo. Parece que quería concertar estos dos contrarios" (V 7.17). Llegado el momento decisivo, resuelve, ayudada por la gracia, entregarse del todo a Dios.
Desde entonces -Cuaresma de 1554-, y durante años, su Señor Jesucristo, le enseñará una vida nueva, la irá moldeando y esculpiendo a su imagen. Había llegado la crisis de la mitad de la vida: hará balance, deberá llegar al encuentro con Dios y consigo misma en el hondón del alma, por el acto de abandonarse, y desde la entrega, dejar obrar a su Señor.
El relato autobiográfico narrado en el Libro de la Vida, quedó interrumpido por un pequeño tratado de oración (V 11.22); tenía por objeto, explicarnos las razones últimas de los cambios experimentados por ella, a través de la oración, que nos hicieran capaces de comprender el resto de su vida. Al terminar de exponer las cuatro formas de regar el huerto, Teresa retoma el relato de su autobiografía, abriendo un pórtico grandioso; el resultado de su conversión, expresado en breves líneas (Leer V23, 1.2). Es decir, vemos como avanza Teresa en la conversión y en la entrega de la voluntad. Comienza una vida nueva, distinta de la anterior. Antes, vivía instalada en el yo viejo: ella gobernaba, hacía y deshacía. Con la conversión, el yo viejo ha sido entregado; queda hueco, para que Dios viva en ella. En muy poco tiempo, observa un cambio en el comportamiento: alejamiento de "malas costumbres y obras", junto a una lluvia de regalos, oración de quietud y de unión. "Yo me veía otra en todo (...) poníame en las manos de Dios, que El sabía lo que me convenía, que cumpliese en mí lo que era su voluntad en todo" (V 27.1).
Ahora bien, ¿Qué quiere Dios? ¿Cuál es su voluntad? Respondemos diciendo, con el Evangelio y con Teresa de Jesús, que la voluntad de Dios consiste en que alcancemos la madurez humana y religiosa": ¿Qué pensáis, hijas, que es su voluntad? Que seamos del todo perfectas, que para ser unos con Él y con el Padre, como Su Majestad le pidió, mirad qué nos falta para llegar a esto" (M5 3.7).
La perfección consiste en vivir unidos a Él y Jesucristo, hasta llegar a ser: "Uno". Es decir, la voluntad de Dios, no es otra cosa que entrar en la comunidad de amor Trinitaria. Porque Dios invita, nunca impone. Pero difícilmente, se dará del todo a quien, a su vez, no haya tomado la decisión de darse del todo. "A quien le amare mucho, verá que puede padecer mucho por El; al que amare poco, poco. Tengo yo para mí que la medida del poder llevar gran cruz o pequeño, es la del amor" (C 32.6-7).

Morir para vivir en Cristo

Ha llegado la hora de encerrarnos en el capullo y morir a nosotros mismos, para renacer como mariposas. La crisálida que es Cristo, que ha ido creciendo desde la primera Morada. Ahora nos encerramos en Cristo y morimos a creernos el centro de todo: "Pues crecido este gusano, comienza a labrar la seda y edificar la casa donde va a morir. Esta casa querría dar a entender aquí, que es Cristo" (M5 2.4). Muere el yo viejo para que nazca uno nuevo, y pueda decir con San Pablo: "Ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí" (Gal 2,20). Para que muera el gusano encerrado en la crisálida, que es Cristo, ¿Qué ha sido fundamental? La tarea de hacer crecer las virtudes, ha sido fundamental. Eliminar el amor propio, nuestra voluntad, renunciar a ver como absoluto, nada en la tierra, hacer obras de amor a Dios y al prójimo...Todo habrá sido necesario para llegar aquí. Desde este momento, Cristo ha tomado las riendas de nuestra vida. El proceso no se vive en un sólo momento, hay que tener paciencia. Incluso consumado, aún quedarían algunos "gusanos" difíciles de erradicar: La propia estima, el juzgar al prójimo el egoísmo...

El nacimiento de la mariposa

“Yo os digo de verdad que la misma alma no se conoce a sí; porque, mirad la diferencia que hay de un gusano feo a una mariposica blanca, que la misma hay acá" (M5 2.7).

Una mariposa que desde ahora buscará asiento, un lugar donde reposar. No está del todo rendida a la voluntad de Dios (M5 2.10), pero ha dado un paso fundamental en la vida espiritual.

Emerge sin saber cómo, un deseo enorme de dar gracias a Dios por el encuentro, y desearía morir por Él. Como ha dejado de preocuparse de sí misma, ya está en condiciones de aprender a amar.

¿Qué le va a enseñar Dios?

El camino del amor auténtico. La ha llevado a la bodega del buen vino -como a la esposa del Cantar de los Cantares-, para ponerle el sello de calidad. El amor siempre tiene una carga de cruz, y eso, precisamente espera a los verdaderos amadores

5.- Pautas para la acción:

La perfección del amor a Dios y al prójimo.

La acción sigue en la línea de las moradas anteriores. Solamente se introduce una novedad importantísima: Los deseos grandes de hacer algo por Cristo. Teresa recuerda que en estas Moradas todo se resume en los dos primeros mandamientos: Amar a Dios y al Prójimo.

"Acá, solas estas dos que nos pide el Señor: Amor de Su Majestad y del prójimo, es en lo que hemos de trabajar. Guardándolas con perfección, hacemos su voluntad, y así estaremos unidas con El" (M5 3.7).

Ahora bien, en la práctica es difícil comprobar que amamos a Dios, mientras que, comprobar que amamos al prójimo, es fácil. Apreciar en la práctica, que amamos a los demás, será la prueba evidente de que vamos aumentando el amor a Dios. Nada mejor para ahuyentar la tentación de endiosamiento, que la conocida desde la primera morada: mirar adelante, puestos los ojos en el premio final; agradecer que Dios quiera comunicarse con nosotros, encendidos en el amor recién estrenado. Mantener el recuerdo de que la vida es un mar de tempestades y estar alegres por trabajar ya para el Esposo:

"En fin, sea la conclusión en esto, que procuremos siempre ir adelante, y si esto no hay, andemos con gran temor, porque sin duda, algún salto nos quiere hacer el demonio; pues no es posible que, habiendo llegado a tanto, deje ir creciendo, que el amor jamás está ocioso, y así será harto mala señal. Porque alma que ha pretendido ser esposa del mismo Dios, y tratándose ya con su Majestad, y llegado a los términos que queda dicho, no se ha de echar a dormir. (...) Puestos los ojos en el premio y viendo cuán sin tasa es su misericordia, pues, con unos gusanos quiere así comunicarse y mostrarse, olvidemos nuestros contentillos de tierra y, puestos los ojos en su grandeza, corramos encendidas en su amor" (M 5.4.10).

Oración

Cúmplase, Señor, en mí, vuestra voluntad de todos los modos y maneras que Vos, Señor mío, quisiereis. Si queréis con trabajos, dadme esfuerzo y vengan; si con persecuciones y enfermedades y deshonras y necesidades, aquí estoy, no volveré el rostro, Padre mío, ni es razón vuelva las espaldas”. (C 32.9). "Muerta ya este yo, y viva en mí, otro que es más que yo y para mí, mejor que yo, para que yo le pueda servir. El viva y me dé vida; El reine, y sea yo cautiva, que no quiere mi alma otra libertad" (Leer Poesía 2: ("Vuestra soy, para Vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí? Soberana Majestad, bondad buena al alma mía,....)

Escuela de la Mística Carmelitana

Monasterio de las Hermanas Carmelitas Descalzas de Los Chorros. Caracas

Bibliografía:

* Biblia.

* Obras Completas de Santa Teresa.

* P. Antonio Mas Arrondo. Acercar el Cielo. -Itinerario Espiritual con Teresa de Jesús. Editorial Sal Terrae.

Ponente: Elena Briceño.

4tas. Moradas


Cuartas Moradas

Un lugar de reposo

Las cuartas moradas son las moradas-frontera entre las tres ascéticas y las tres místicas. Dios pasa al primer plano. El alma toma conciencia de que es El quien toma la iniciativa. Cambia la situación espiritual del alma, porque "comienzan a ser cosas sobrenaturales" (M 4 1,1).

En esta etapa del proceso espiritual, Dios se comunica al alma por medio de la oración de recogimiento infuso y de la oración de quietud o de gustos y contentos. Al entrar en estas moradas del Castillo Interior, se produce un cambio sustancial de gran repercusión. Aquí se tiene que dejar atrás todo lo que tenga el signo de la "ponzoña," en el sentido teresiano, se ha de estar libre de esta atadura. "En estas Moradas pocas veces entran las cosas ponzoñozas, y si entran no hacen daño, antes dejan con ganancia". Y tengo por muy mejor cuando entran y dan guerra en este estado de oración; porque podría el demonio engañar a vueltas de los gustos que da Dios, si no hubiese tentaciones, y hacer mucho más daño que cuando las hay, y no ganar tanto el alma"(M 4,1.3).

Estas moradas son el primer remanso de paz que se alcanza, en el itinerario espiritual. El Señor quiere llevar el alma donde encuentre sosiego tras haber tomado la decisión de seguirle con perfección, Cristo nos ensancha el corazón. Dos montañas conforman según el evangelio la vida del creyente: El Tabor y el Calvario. El Señor visitó más la segunda y, El irá preparando al caminante para que visite la primera, antes de que llegue allá.

¿Qué nos hará experimentar el Señor?

Los primeros dones de su amor, logrados sin esfuerzo de nuestra parte.

¿Qué comenzaremos a ver aquí?

Comenzaremos a ver recompensado el esfuerzo, de las tres moradas anteriores. Ya estaremos preparados para entregar el "yo", ese núcleo vital y, dar el paso hacia las quintas moradas. Cada vez más, comprenderemos que valía el esfuerzo de asumir el reto, hacia el centro del alma.

¿Cuándo visitaremos las cuartas moradas?

Cuando estemos arraigados en la oración de meditación, cuando busquemos la ternura de Dios que produce, el estar recogidos en la oración. También pueden visitarlas quienes necesiten un descanso, de la vida agitada que va minando la conciencia y el interior del ser. Estas moradas son como, un fin de semana de descanso. En el Tabor de las cuartas moradas hay alivio a las tensiones del diario vivir, paz y silencio sonoro. Nos estamos acercando a las séptimas moradas, donde habita el Rey; por lo tanto, mientras más cercanos estemos a ella, más hallaremos cosas hermosas y, difíciles de explicar. El Espíritu Santo permitirá explicar lo inexplicable que sucede en el interior, porque, al estar próximos a la morada del Rey, experimentaremos regalos de Dios que son inefables. Debemos entrar en la galería de las cuartas moradas, sin ningún temor.

¿Quiénes viven en ellas?

Los siervos del amor que, se han decidido seguir a Cristo radicalmente; los que practican a la perfección en la cotidianidad, el mandamiento del amor a Dios y al prójimo.

¿Quiénes habitan estas moradas?

Los caminantes que han dejado caer las máscaras y se han hecho humildes, los que se han acostumbrado a meditar por recogimiento los misterios de la vida de Jesucristo y se dirigen con frecuencia a las tres Personas de la Trinidad, unas veces con sus propios esfuerzos y, otras por don gratuito.

Durante la meditación a Teresa le surgía un gran sentimiento de ternura hacia Dios, de una manera muy sutil. Lo sentía como un don de Dios; percibía que ella colaboraba para que sucediera. Otras veces, lo percibía como un don inmerecido. El ver lo poco que era, su ingratitud para con Dios, quien tantas veces la había llamado a dar el tercer paso sin ella decidirse, el saberse amada por El sin medida, pensando en los sufrimientos que había tenido que soportar...,todo junto, a veces, provocaba desde el interior unas lágrimas de alegría, un consuelo y agradecimiento tan grandes que quedaba embelesada. Ya estaba en las cuartas moradas; cuando Teresa escribe sobre una morada es porque está ahí, viviendo esa experiencia, en profundidad. Todos estos fenómenos, la ternura, el consuelo la alegría; esto es estar en las cuartas moradas.

Constan estas moradas de tres capítulos:

1.- Remite a las terceras moradas, establece la diferencia entre "contentos" y "gustos" y explica la oración de recogimiento.

2.- Desarrolla la oración de quietud, llamada también de gustos.

3.- Oración de recogimiento sobrenatural.

La oración de "sueño de potencias" apenas es mencionada en el Castillo Interior, debe completarse en Vida y Camino de Perfección.

1.- Dios acerca el cielo.

Dios continúa revelándose a través de Jesucristo. En el Padrenuestro rezamos: "Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino". Dios hace de esta petición una realidad en cada persona: El cielo se acerca a la tierra, sumergiéndose en la profundidad del ser humano. Teresa de Jesús, usa esta frase que será la de las cuartas moradas. El cielo es el reino de Dios. Allí habita Dios.

El corazón del creyente se convierte en un cielo, porque Jesucristo le pide al Padre, y El se lo concede. Teresa lo describe, cercano íntimo:

"Un sosiego y gloria en sí mismos, un alegrarse que se alegren todos, una paz perpetua, una satisfacción grande en sí mismos, que les viene de ver que todos santifican y alaban al Señor y bendicen su nombre y no le ofende nadie. Todos le aman, y la misma alma no entiende en otra cosa sino amarle, ni puede dejarle de amar, porque le conoce" (CV 30.5).

En estas moradas Dios quiere darnos aquí en la tierra las primicias del reino futuro. Sentimos los primeros efectos de la Promesa. Dios se nos revela como Amor, de aquí se deriva el agradecimiento a quien tanto da a los que tan poco merecemos:

"Ahora mirad, hijas, qué sabiduría tan grande de nuestro Maestro. Considero yo aquí, y es bien que entendamos, qué pedimos en este reino. Mas como vio Su Majestad que no podíamos santificar ni alabar ni engrandecer ni glorificar este nombre santo del Padre Eterno conforme a lo poquito que podemos nosotros, de manera que se hiciese como es razón, si no nos proveía Su Majestad con darnos acá su reino, y así lo puso el buen Jesús lo uno cabe lo otro, porque entendamos, hijas, esto que pedimos, y lo que importa importunar por ello y hacer cuanto pudiéramos para contentar a quien nos lo ha de dar" (CV 30.4).

2.- Jesucristo nos lleva al Monte Tabor.

La oración del publicano, el anciano Simeón, la imagen del Buen Pastor y el monte Tabor son los pasajes de la Biblia que acompañan al caminante de las cuartas moradas. El monte Tabor lo aglutina todo.

Al igual que el publicano en el templo, ahora podemos hacer oración sin sentirnos superiores a nadie, conociendo nuestra pequeñez (Lc 18,13). El relato del anciano Simeón se incorpora a nuestra experiencia, porque hemos aprendido a reconocer a Jesucristo en medio de la multitud. Intuir el camino de la salvación a través de Cristo nos llena de paz y alegría, como le sucedió a Simeón (Lc 2,27-32).

Comenzamos a ser conscientes de estar habitados por la Trinidad, que habita el centro profundo del ser en las séptimas moradas. A través de Jesucristo hemos ido entrando en el interior del castillo. Ahora Dios Padre, el Rey, y su Hijo Jesús, tomarán la iniciativa y salen a nuestro encuentro, porque han visto toda la preparación que hemos hecho para que esto sucediera.

Uniendo las dos figuras bíblicas, Rey y Pastor, el dueño del castillo nos llama a recogernos en la intimidad a la fiesta de Dios en la tierra. Como el buen pastor que quiere y reconoce a cada una de sus ovejas, desde su habitación de las séptimas moradas lanza un silbido suave, amoroso, que conmociona las entrañas y recoge a la persona dentro de sí. El Tabor hecho realidad (Lc 9,28-36). Montaña mítica, lugar de la Transfiguración, adonde Cristo llevó a algunos de sus discípulos a descansar. Porque la vida de Cristo según santa Teresa, estuvo repleta de trabajos, y sólo en el monte gozó: "Ves mi vida toda llena de padecer y sólo en el monte Tabor habrás oído mi gozo" (R 36). Aquí se descansa de tanto ajetreo y desasociego del diario vivir.

En estas moradas, Jesucristo lleva a todos sus seguidores al monte Tabor, para que conozcan por adelantado parte de la gloria que les tiene reservada y, entren sin miedo a la fiesta de Dios, que no es otra que, la del amor. Dios ensancha el corazón colmándolo de regalos, hasta que viva más feliz cada día, en su divina presencia.

3.- Oración de recogimiento sobrenatural, de quietud y sueño de potencias.

Esta es la primera habitación en la que entraremos. Desde las segundas y terceras moradas hemos practicado la meditación sobre los misterios de la vida de Cristo. En las terceras aprendimos a hacerlo recogiéndonos en nuestro interior. A veces hemos tenido la sensación de estar en presencia de Dios, o nos ha invadido una alegría inmensa y desconocida. Teresa llama "contentos" a la forma de relacionarse con Dios en la cual la persona colabora bastante para que esto suceda (M 4.1.4-6).

Sorpresivamente y sin ningún esfuerzo humano llega un regalo nuevo; una dádiva generosa en medio de la cotidianidad, en oración de meditación o vocal. Según Teresa de Jesús son los primeros balbuceos de amor dados por Dios. La línea divisoria con la oración de recogimiento de las terceras será sutil y casi imperceptible:

"Un recogimiento que también me parece sobrenatural, porque no es estar en oscuro ni cerrar los ojos, ni consiste en cosa exterior, puesto que, sin quererlo, se hace esto de cerrar los ojos y desear soledad; y sin artificio, parece que se va labrando el edificio" (M4 3,1).

Cuando Dios quiere, regala al alma, la recoge entera dentro de sí, es decir la concentra. Lo hace mediante un silbido tan suave que comprende el alma no haberlo producido ella misma. Cierra los ojos; desea soledad; procura, si puede, que el entendimiento comprenda lo que sucede en silencio, o bien con algunas palabras amorosas dirigidas al Dios que lo habita. Esto equivale a un despertar repentino de la presencia de Dios:

"Visto ya el gran Rey, que está en la morada de este castillo, su buena voluntad, por su gran misericordia quiérelos tornar a él, como el buen pastor, con un silbido tan suave que aun casi ellos mismos no lo entienden hace que conozcan su voz y que no anden perdidos, sino que tornen a su morada, y tiene tanta fuerza este silbido del pastor, que desamparan las cosas exteriores en que estaban enajenados y métense en el castillo" (M4 3,2).

Todo aquel que en algún momento haya amado a alguien o se haya sentido amado, puede entender esta forma de oración. Podemos decir como Teresa, que la mayoría ha pasado por esta experiencia de amor. Así son las cuartas moradas, quien te ama te lo hace saber.

Las potencias (Memoria, entendimiento y voluntad) se recogen: de ahí que se denomine esta experiencia "oración de recogimiento". Sucede igual con la tortuga, el erizo y el caracol: Cuando se les toda, se repliegan en su interior. Así Cristo aquí, los llama y se encierran en el interior del ser. Ahora se nos da en cualquier momento este regalo o gracia en cualquier momento o circunstancia y, con más frecuencia. Teresa nos indica lo que debemos hacer cuando en ese momento:

"Lo que entiendo que más conviene que ha de hacer el alma que ha querido el Señor meter en esta morada es lo dicho y, que sin ninguna fuerza ni ruido procure atajar el discurrir del entendimiento, mas no el suspender ni el pensamiento, sino que es bien que se acuerde que está delante de Dios y quién es Dios. Si lo mismo que siente en sí le embebiere, en horabuena; mas no procure entender lo que es, porque es dado a la voluntad; déjela gozar sin ninguna industria más de algunas palabras amorosas, que procuremos aquí estar sin pensar nada, se está muchas veces, aunque muy breve tiempo" (M4 3,7).

Es decir Dios se dirige a la voluntad y le da un primer toque de amor para decirle que está ahí, que no abandona a la persona, que si tiene paciencia verá grandes cosas. Puede ser un momento, un suspiro el primer susurro divino entregado gratis, sin que merezcamos ni lo hayamos buscado. Son las primicias de amor.

Oración de "gustos" o de quietud. Entramos en la segunda habitación.

Un paso adelante serán los llamados "gustos", también denominados "oración de quietud".

¿En qué consiste esta oración?

Esta oración equivale a encontrarnos de repente on una alegría inesperada. Es una experiencia muy similar a la anterior, pero con mayor conciencia de que Dios quiere comunicarse secretamente con la persona y le hace el regalo de llevarla al monte a disfrutar de su intimidad.

¿Qué produce esta oración?

Este regalo produce una alegría que nace de algo más profundo que el corazón: del centro del alma, es decir de las séptimas moradas, donde habita Dios junto a lo más profundo del ser humano. Por ejemplo: Es como cuando alguien nos regala algo muy deseado, con mucho amor y, nos sorprende con este detalle. Sentimos una gran alegría de recibir gratis algo que necesitábamos y deseábamos. Tan importante será el regalo, como quien lo hace posible. Empezamos a disfrutar en esta tierra algo de la dicha del reino de los cielos, a través, de estos dones. Teresa de Jesús nos dice:

"Comienza su Majestad a comunicarse a esta alma y quiere que sienta ella cómo se le comunica (...) Quiere Dios por su grandeza que entienda esta alma que está su Majestad tan cerca de ella que ya no ha menester enviarle mensajeros, sino hablar ella misma con El, y no a voces, porque está ya tan cerca que en meneando los labios la entiende" (V 14.5).

Por un breve tiempo -no más de media hora-, la voluntad recibe un gran premio, mientras la memoria, el entendimiento y la imaginación pueden estar distraídos. Estoy en Dios, en Cristo, recibo un regalo suyo y, sin saber cómo, puedo estar distraído a la vez. Al estar la voluntad decidida en las terceras moradas, en estas se le hace el don de comenzar a encenderla en amor. Hemos comenzado una relación de amor adulto, que nos acompañará hasta el final del itinerario espiritual. La santa nos explica:

"Cuando es servido hacer alguna merced sobrenatural, produce con grandísima paz y quietud y suavidad de lo muy interior de nosotros mismos, yo no sé hacia dónde ni cómo, ni aquel contento y deleite se siente como los de acá en el corazón -digo en su principio, que después todo lo hinche: base (se va) revirtiendo este agua por todas las moradas y potencias hasta llegar al cuerpo" (M4 2,4).

El corazón se dilata cuando se conoce por experiencia propia, las primeras caricias del amor de Dios, como en el salmo 118,32.

Todos hemos vivido experiencias en la vida que ensanchan el corazón, están dentro del mundo de la afectividad. Suceden cuando decimos: "Ya puedo respirar tranquilo, "dormir a pierna suelta" etc. Ensancha el corazón lo que hace referencia al amor que todos necesitamos para vivir. Este Tabor de las cuartas moradas abre los primeros resquicios al amor, que, por fin despierta.

Sencillamente amemos. Hagámoslo con palabras breves o silencios llenos, como hacen los amadores.

Nuestra maestra nos describe su forma de revivir este don:

"Me era gran deleite considerar ser mi alma un huerto, y al Señor que se paseaba en él. Suplicábale aumentase el olor de las florecitas de virtudes que comenzaban, a lo que parecía, a querer salir, y que fuese para su gloria y las sustentase, pues yo no quería nada para mí, y cortase las que quisiese, que ya sabían de salir mejores" (V 14.9).

Ahora bien, hay que aprender a amar. Porque no es buscar en la oración el estar a gusto, recibiendo regalos de Dios, sin distraernos. Amar es intentar conformar nuestra voluntad con la de Dios, hacer todo lo posible por Jesucristo y la Iglesia y procurar no pecar. Lo importante está en la voluntad, que ha tomado la decisión de llevar una vida espiritual.

Para concluir esta forma de oración Teresa nos dice:

"Para aprovechar mucho este camino y subir a las moradas que deseamos, no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así, lo que más os despertare a amar, eso haced. Quizá no sabemos qué es amar, y no me espantaré mucho; porque no está en el mayor gusto, sino en la mayor determinación de desear contentar en todo a Dios y procurar, en cuanto pudiéramos, no le ofender, y rogarle que vaya siempre adelante la honra y gloria de su Hijo y el aumento de la Iglesia Católica" (M4 1,7).

Por lo tanto, ya se tiene una clara diferencia entre "gustos" y "contentos". Mientras los "contentos" empiezan en nosotros y acaban en Dios, los "gustos" operan de manera contraria: comienzan en Dios y acaban en nosotros. En ambos casos está la presencia de Dios, de diferente manera. Santa Teresa usa la metáfora de los dos pilones que se llenan de agua de dos fuentes diferentes. Nos aclara aún más: "Estos dos pilones se hinchen de agua de diferentes maneras: el uno viene de más lejos por muchos arcaduces y artificio; el otro está hecho en el mismo nacimiento del agua y vase (se va) henchendo sin ningún ruido, y si es el manantial caudoloso, como éste de que hablamos, después de henchido este pilón procede un gran arroyo; ni es menester artificio, ni se acaba el edificio de los arcaduces, sino siempre está procediendo agua de ahí" (M 4.2.2-4). Quiere decir Teresa que, el agua que viene de los arcaduces representa a "los contentos" y el mismo nacimiento del agua, ese manantial caudaloso representa a los "gustos".

Oración del "sueño de las potencias". Entramos en la tercera habitación.

Sucederá algo muy importante a través, de esta forma de oración dejando que los "gustos" de Dios se manifiesten cuando quieran: Por primera vez la oración se hará experiencia diaria. Dentro de nuestra vida normal, nos daremos cuenta que nuestra voluntad está en Dios. Desde ese momento oración y acción, Martha y María, estarán cada vez más unidas. Dios acompaña el quehacer diario, esta sensación puede durar uno o dos días, y llegar a ser una de las cosas más relevantes de las cuartas moradas. Teresa nos dice:

"De esta oración suele proceder un sueño que llaman de las potencias, que ni están absortas ni tan suspensas, que se puede llamar arrobamiento. Aunque no es del todo unión, alguna vez y aun muchas entiende el alma que está unida solo la voluntad, y se entiende muy claro; a lo que parece. Está empleada toda en Dios, y que ve el alma la falta de poder estar ni obrar en otra cosa; y las otras dos potencias están libres para negocios y obras del servicio de Dios. En fin, andan juntas Marta y María" ( R 5.5).

Lo podemos comparar con un niño que mama de los pechos de su madre. El bebé mama instintivamente, despreocupado de todo lo demás. Sin pensar, entiende que está con su madre que le da de comer. Lo mismo aquí, la voluntad unida a Dios, sin que el entendimiento entienda.

4.-Los inicios de la transformación personal por el amor.

A partir de estas moradas habrá un cambio fundamental, en el crecimiento de las virtudes: Se desarrollan, sobre todo, gracias a la acción de Dios. Sin olvidar la colaboración humana el Señor va haciendo crecer las virtudes:

"Este agua de grandes bienes y mercedes que el Señor da aquí, hacen crecer las virtudes muy más sin comparación que en la oración pasada (...) y también llegar más cerca de la verdadera virtud, de donde todas las virtudes vienen, que es Dios" ( V 14.5).

¿Cuáles son los efectos más notables?

Desde lo más profundo del ser surge un sentimiento de alivio que repercute en toda la persona; al ensancharse el alma, las cosas que se hacían por Dios y los otros las hace con mayor tranquilidad, sociego y distancia; desaparecen muchos miedos que nos esclavizaban. Como el amor empieza a encenderse desde el centro, la seguridad ocupa el puesto de la intranquilidad; tomamos conciencia segura de la Promesa que nos ha hecho Jesucristo y comenzamos a disfrutarla al entender que el Reino está viniendo a nosotros; al entrar Dios a nuestra intimidad sin avasallarla, esto es, amándola bien, ya no tenemos que mirarnos tanto a nosotros mismos, ya dejamos de ser el centro. ¡Nos quieren, y gratis!

La fe despierta y se hace más viva; aparecen los primeros indicios de querer hacer algo serio por Jesucristo y por el mundo; conociéndonos mejor, descubrimos más las propias limitaciones y lo poquito que somos; se pierde la codicia por los bienes materiales. Teresa nos dice:

"Queda también una gran voluntad de hacer algo por Dios. Como va más conociendo su grandeza, tiénese (se tiene) ya por más miserable; como ha probado ya los gustos de Dios, ve que son basura los del mundo" ( M4 3,9).

Por saber que todo es gratuidad de Dios, bajo ningún respecto debemos considerarnos mejores que nadie. Terminemos esta lista de dones que Dios hace aquí advirtiendo del peligro de abandonar la oración, pensando que ya todo está conseguido, porque la persona aún no está tan fuerte como para verse libre de peligros.

Las virtudes quedan fortalecidas mientras la persona recibe el amor de Dios:

"Más queda tan bien enseñada y con tan grandes efectos y fortaleza en las virtudes, que no se conoce después ni querría hacer otra cosa ni decir, sino alabar al Señor; y está cuando está en gozo, tan embebida y absorta, que no parece que está en sí, sino con una manera de borrachez divina que no sabe lo que quiere, ni qué pide. En fin, no sabe de sí; mas no está tan fuera de sí que no entiende algo de lo que pasa" ( CAD 4.3).

Por último, quien aquí haya llegado con la merced de Dios, debe aprender a ser agradecido. Esta faceta es de gran importancia en el itinerario espiritual, como lo dice Teresa:

"Alábele mucho quien esto entendiere en sí, porque es muy mucha razón que conozca la merced, y el hacimiento de gracias por ella hará que se disponga para otras mayores" (M 4.3.4).

5.-El amor como norma de conducta.

Se sigue el curso iniciado en las moradas anteriores: Buscar a otros que sigan el mismo camino para la ayuda mutua; seguir en la vocación a la que Dios nos ha llamado; procurar no retroceder, porque las virtudes aún no están muy fortalecidas y seguir en el voluntariado donde estemos sirviendo.

Recordemos la regla de oro de estas moradas, aplicable a cualquier actividad que desempeñemos:

"No está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os despertare a amar, eso haced" ( M 4.1.7).

RECUERDE

- Este camino espiritual no trata de subir peldaños, sino de vivir intensamente las siete moradas al mismo tiempo.

- Visite una u otra según le convenga, siguiendo su estado de ánimo o el ciclo litúrgico.

- Pasee por las distintas habitaciones; no deje nunca de dedicar al día un tiempo para usted y su relación con Dios.

- Acepte sus limitaciones y pecados: los tendrá con toda seguridad.

- Dé constantes gracias a Dios por haber visitado las cuartas moradas o habitar en ellas.

- Acuda aquí siempre que necesite encontrar paz. Desee vivir las restantes moradas con perfección.

- Pídale ayuda a Dios.

ORACIÓN

"¡Oh Señor mío y bien mío! ¡Que no puedo decir esto sin lágrimas y gran regalo de mi alma! Que queráis Vos, Señor, estar así con nosotros, y estáis en el Sacramento (que con toda verdad se puede creer, pues lo es, y con gran verdad podemos hacer esta comparación), y si no es por nuestra culpa nos podemos gozar con Vos, y que Vos os holgáis con nosotros, pues decís ser vuestro deleite estar con los hijos de los hombres! ¡Oh Señor mío! ¿Qué es esto? Siempre que oigo esta palabra me es gran consuelo, aun cuando era perdida. ¿Es posible, Señor, que haya alma que llegue a que Vos la hagáis mercedes semejantes y regalos, y a entender que Vos os holgáis con ella, que os torne a ofender después de tantos favores y tan grandes muestras del amor que tenéis, que no se puede dudar, pues se ve clara la obra?

Sí hay, por cierto, y no una vez sino muchas, que soy yo. Y plega a vuestra bondad, Señor, que sea yo sola la ingrata y la que haya hecho tan gran maldad y tenido tan excesiva ingratitud: porque aun ya de ella algún bien ha sacado vuestra infinita bondad; y mientras mayor mal, más resplandece el gran bien de vuestras misericordias. ¡Y con cuánta razón las puedo yo parar siempre cantar!

Suplícoos yo, Dios mío, sea así y las cante yo sin fin, ya que habéis tenido por bien de hacerlas tan grandísimas conmigo, que espantan los que las ven y a mí me sacan de mí muchas veces, para poderos mejor alabar a Vos. Que estando en mí, sin Vos no podría Señor mío nada, sino tornar a ser cortadas estas flores de este huerto, de suerte que esta miserable tierra tornase a servir de muladar como antes. No lo permitáis, Señor, ni queráis se pierda alma que con tantos trabajos comprasteis y tantas veces de nuevo la habéis tornado a rescatar y quitar de los dientes del espantoso dragón..." (V 14, 10-11).

Siglas: V: Libro de Vida de Santa Teresa CV: Camíno de Valladolid M: Moradas

Cómo leerlas? (M 4 1,1). Quiere decir, 4tas Moradas capítulo 1, párrafo 1

( V 14.5). Vida, capítulo 14, párrafo 5.

(CV 30.5). Camino (Valladolid) capítulo 30, párrafo 5

Bibliografía: Antonio Mas Arrondo, Acercar el cielo. Itinerario espiritual con Teresa de Jesús. Editorial: Sal Terrae

Ponente: Elena Briceño

La firme decisión de seguir a Jesucristo. 3eras Moradas

Escuela de la Mística Carmelitana Presencial

El Castillo Interior

Lugar Místico de Encuentro entre el Cielo y la Tierra

Terceras Moradas

La firme decisión de seguir a Jesucristo

Terceras Moradas: Oración de meditación, estado de principiantes. La prueba del amor, superación del egoísmo, logro de un programa de vida espiritual; brotes de celo apostólico.

En estas Moradas se hallan las almas que habitualmente se guardan aún de pecados veniales, de manera que no cometerían uno con advertencia, por ninguna causa. Son amigas de penitencia; tienen sus horas de recogimiento; gastan bien el tiempo, ejercitándose en obras de caridad con el prójimo y andan muy concertadas en hablar, vestir y gobernar sus casas, los que las tienen (M3 1,5); pero amadoras de sí mismas, se inquietan demasiado y sienten apretamiento de corazón con los desprecios y con el menosprecio de su honra; no buscan a Dios por sí, sino por sus gustos y regalos. Muchas no siguen, porque no pasan las sequedades y desconsuelos. El Señor no deja de probar a estas almas de muchas maneras. Una de ellas -y no la más pequeña- es sequedades en la oración, que invitan a abandonarla y volver atrás.

¿Qué se desenmascara en las Terceras Moradas?

La falsa modestia, el orgullo, el ego, el egoísmo.

¿A qué nos invitan las Terceras Moradas?

"A ir sin temor hacia las profundidades del "Yo"; a descubrir la grandeza de un Castillo único e irrepetible, a visitar los sótanos, las telarañas de nuestras limitaciones y miserias".

¿Qué aprenderemos en estas Moradas?

"La oración de recogimiento y la virtud de la humildad. Aprenderemos el camino de uno de los grandes secretos de la existencia: la aceptación creativa del yo."

¿Cuándo visitaremos estas Moradas?

Cuando sintamos que ha llegado el momento de conocer y meditar el misterio de Dios uno en tres personas; o cuando a través de la meditación de la Palabra, alcancemos una intimidad más profunda con Cristo. El siervo del amor, vendrá con mucha frecuencia a estas Moradas, para revisar la virtud de la humildad; como ya lo hemos dicho anteriormente, es la base de la edificación espiritual.

¿Quiénes viven en las Terceras Moradas?

Quienes tienen bastante tiempo conociendo a Jesucristo, la gracia de Dios; quienes evitan hacer daño por leve que éste sea, a alguien; los que evitan pecados de cualquier tipo; los que intentan corregir sus fallas haciendo crecer las virtudes; los que se abren al conocimiento de las tres Divinas Personas.

¿A qué han llegado estos caminantes?

A un conocimiento real de sí mismos y del mundo que los rodea, han permitido la acción transformante dejando atrás las máscaras; reconocen lo que son: personas que tienen claro lo que deben hacer en la vida y cuál es el puesto que Dios les tiene designado hasta que mueran.

1.- Primera habitación. En los comienzos del Dios Trino. Un paso importantísimo.

¿Qué se va revelando aquí?

El caminante se va abriendo a conocer un poco más, ese misterio de Dios revelado en Jesucristo. A través de la Biblia a la que acude frecuentemente, encuentra referencias a Dios Padre, con quien Jesús tenía una íntima relación ya que, lo llamaba "Abba"; y al Espíritu Santo, que era su compañero inseparable desde su concepción, hasta su resurrección.

¿En qué momento está el visitante y habitante, de las Terceras Moradas?

En el momento de acercarse por experiencia al misterio de una fe monoteísta, de un Dios Único, donde se da la comunión plena entre Personas distintas, Jesucristo nos remite desde el Evangelio al Padre y al Espíritu.

¿Dónde y cómo comenzar a experimentar el misterio de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo?

Donde está Dios, es el cielo. San Agustín nos enseño que encontró a Dios dentro de sí después de buscarlo por las vanidades del mundo. Lo llevamos dentro de nosotros, como un huésped incomparable. "Bastará con encontrar momentos de soledad y mirar dentro de nosotros mismos (cfr., CV 28.2). No puedo dejar solo a quien viene a disfrutar y a descansar conmigo. A veces podemos dirigirnos a Él como Padre, otras dirigirnos a Cristo como hermano, o como Señor, o como esposo. El nos enseñará cómo hacerlo. De este modo, nuestro interior se convierte en un pequeño cielo" (cfr., CV 28.3). Se trata de, adentrarnos sin ningún tipo de temor ni reserva, en lo más profundo del yo, para que exista una íntima relación con Dios Padre. Esto estrecha los lazos de unión entre el Creador y la criatura, dando lugar a que el cielo se establezca en la tierra.

¿Qué se le ofrece al siervo del amor, que se adentra en estas Moradas?

Santa Teresa nos dice:

"Pues hagamos cuenta que dentro de nosotras está un palacio de grandísima riqueza, todo su edificio de oro y piedras preciosas, en fin, como para tal Señor; y que sois vos parte para que ese edificio sea tal, como a la verdad es así, que no hay edificio de tanta hermosura como una alma limpia y llena de virtudes, y mientras mayores, más resplandecientes las piedras; y que en este palacio está este Rey, que ha tenido por bien ser vuestro Padre; y que está en un trono de grandísimo precio, que es vuestro corazón" (CV 28.9).

2.- La decisión de seguir a Jesucristo con perfección.

Progresivamente se va viviendo el Evangelio en este Itinerario y, nos sitúa en el lugar de los primeros seguidores de Jesucristo. Las Terceras Moradas, confluyen en el pasaje evangélico del joven rico y, la eleva a categoría universal. Teresa interpreta que nosotros también hemos de responder a esa pregunta (Leer Mt 19,16-22 y par).

¿Cómo interpretamos el relato?

Como una invitación a dar lo que cada uno tiene, para seguir con perfección a Jesucristo en clave de desasimiento y desnudez total. Debemos darnos nosotros mismos por entero, debemos concretarlo con obras.

"Y ese amor, hijas, no ha de ser fabricado en nuestra imaginación, sino probado por obras; y no penséis que ha menester nuestras obras, sino la determinación de nuestra voluntad" (M3 1,7).

¿Qué quiere saber Jesucristo?

Si nos decidimos por El, con palabras y obras. Son las Moradas de la decisión rotunda. Hay otros pasajes del Evangelio a los que hacemos mención en estas Moradas: Lucas 2,25-32 y 18,9-14; es conveniente leerlos.

3.-La oración de recogimiento:

En la espiritualidad Carmelitana, se insiste permanentemente en encaminar al siervo del amor, hacia su propio yo; es la manera en que a pesar de las dificultades, se logra el encuentro consigo mismo y con Dios. Por tal motivo, la oración de las Terceras Moradas busca más profundidad para crecer y dar frutos en la vida mística, es catalogada como "oración de recogimiento".

Cito el texto donde la Santa explica muy bien, lo que significa esta oración:

"Este modo de rezar, aunque sea vocalmente, con mucha más brevedad se recoge el entendimiento y es oración que trae consigo muchos bienes. Llámese recogimiento, porque recoge el alma todas las potencias y se entra dentro de sí con su Dios, y con más brevedad a enseñarle su divino Maestro y a darla oración de quietud, de ninguna otra manera. Porque allí metida consigo misma, puede pensar en la Pasión y representar allí al Hijo y ofrecerle al Padre y no cansar el entendimiento andándole buscando en el monte Calvario y al huerto y a la columna" (CV 28.4).

En nuestro corazón está hospedado el mejor huésped del mundo: Dios. Debemos buscarlo adentro no afuera, debemos hacer el intento de entrar en nosotros; al hacerlo junto a la decisión de la voluntad, se hará posible adquirir ese hábito en la oración.

Suavemente van introduciéndose en el Castillo habitado: la memoria, el entendimiento y la voluntad; se va dando procesualmente la comunión de amor con la Majestad que lo habita: Dios.

"Al comienzo puede ser cuestión de unos segundos. Nos costará varios días acostumbrarnos. Con el tiempo, seremos capaces de permanecer más tiempo recogidos" (cfr., CV 28.7).

¿Qué son las potencias?

La persona está compuesta de memoria, entendimiento y voluntad; Santa Teresa las denominaba, alguaciles del Castillo Interior, colaboradores indispensables en el Itinerario Espiritual. La función de la memoria es archivar y ordenar experiencias pasadas; el entendimiento discurre y lucubra; la más importante es la voluntad, ya que de ahí nacerá rápidamente el amor adulto. El amor para Teresa no es un sentimiento, es hijo de la voluntad. Nos recuerda, (La Santa) que la cuestión no está en ser monja o fraile, sino:

"En procurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo, y que el concierto de nuestra vida sea lo que Su Majestad ordenare de ella, y no queramos nosotras que se haga nuestra voluntad sino la suya" (M 3.2.1).

¿Qué encontramos, junto a las potencias del alma?

"Los sentidos y la imaginación. Los primeros tienen una vida duplicada: los hay exteriores e interiores. Todos son importantes, pues nos ponen en relación con el mundo exterior; pero, al mismo tiempo, los sentidos también existen en el interior y son necesarios para la vida espiritual. La vista, el olfato y el tacto desempeñarán un papel primordial en nuestro acercamiento a las Séptimas Moradas." La imaginación, esta facultad humana nos capacita para soñar futuros, desarrollar la esperanza, etcétera. Pero, lleva una vida autónoma, en ocasiones puede resultar un estorbo. La voluntad decide qué queremos ser y hacer, la imaginación va de aquí para allá, desubicándonos de la meta trazada.

Santa Teresa de Jesús, no sabía diferenciar entre entendimiento e imaginación al principio de sus escritos. Se extrañaba de estar en oración de meditación y, a la vez, con la imaginación en "mil negocios," para nada relacionados con la misma. Con el tiempo llegó a distinguir entre ambas. Nos enseña que la imaginación debemos educarla y aceptarla como es. No debemos hacer caso de ella si estamos en oración de meditación recogida, sino continuar, sin caer en esa tentación. La decisión es lo que da valor a la oración, y no las distracciones que aparezcan para alterar el curso de ella. No estando "huecos en el interior", entramos dentro, y allí queda "sola el alma con su Dios". Como el erizo o el caracol cuando alguien los toca, el ser humano se recoge dentro de sí. Primero hay que saber esta verdad, después, creer que es posible, y por último, realizarla:

"...si como ahora entiendo que en este palacio pequeñito de mi alma cabe tan gran Rey, que no le dejara tantas veces solo, alguna me estuviera con él, y más procurara que no estuviera tan sucia. Mas ¡qué cosa de tanta admiración, quien hinchiera mil mundos y muy mucho más con su grandeza, encerrarse en una cosa tan pequeña! A la verdad, como es Señor, consigo trae la libertad, y como nos ama, hácese a nuestra medida" (CV 28.11).

Dios no violenta nuestra voluntad. Está esperando y amando, toma lo que le demos, "mas no se da a Sí del todo hasta que nos damos del todo" (CV 8.12).

Todo sucede dentro del hombre:

Primero: acostumbrar al alma a recogerse;

Segundo: meditar el Evangelio siguiendo el ciclo litúrgico, o escogiendo diferentes pasajes dependiendo de nuestro estado personal;

Tercero: leer los textos ya mencionados: El joven rico, Simeón el fariseo y el publicano; también es de vital importancia meditar la pasión y muerte del Señor. Es muy importante saberse amados, el Dios que nos habita no permanece ocioso, todo lo contrario, está acompañando al alma en su peregrinaje desde un amor incondicional.

Esta forma de oración puede tener algunas novedades, algunas luces de lo que va a suceder en las siguientes Moradas. En determinados momentos podemos darnos cuenta que estamos en presencia de Dios, esto puede prolongarse a algunas horas. Cobramos conciencia de vivir en el amor de Dios, y este avance nos proporciona una inmensa alegría; en algunas personas también les produce lágrimas de gozo, por saberse amadas y acompañadas. A estas experiencias se le llaman "contentos", para diferenciarlas de otras más elevadas llamadas "gustos", propias de las Cuartas Moradas (M3 2,10). Los "contentos" son las primeras manifestaciones de lo que será después, un caudal de gracia. Se llaman así, porque ha sido necesario un esfuerzo humano para lograrlos. Son dones de Dios (Todo es don, en el orden de la gracia) logrados con nuestra ayuda activa. Con estos “contentos” Dios "engolosina" a las almas, para que sientan un anticipo de lo que está por venir si continúan el Itinerario del Castillo y no se dejan seducir por los cantos de sirena de la periferia (M3 2,8).

4.- La virtud de la humildad:

La virtud principal de las Terceras Moradas es la humildad; desde el inicio de este Itinerario hemos tratado con algunos esfuerzos de adquirirla, nos hemos ido preparando para entrar en esta habitación, porque la humildad es hija del conocimiento de sí. Los mejores entendidos en esta virtud, son los que mayor esfuerzo han hecho en el trabajo del autoconocimiento.

¿Quién es humilde?

Quien conoce la verdad desnuda de las cosas, del mundo y de sí mismo. Es imposible avanzar en este camino espiritual sin que esta virtud esté bien consolidada, porque es el cimiento del edificio de la vida espiritual. Teresa nos dice:

"Todo este edificio es su cimiento humildad; y si no hay ésta muy de veras, aun por vuestro bien no querrá el Señor subirle muy alto, porque no dé todo en el suelo. Así que, hermanas, para que lleve buenos cimientos, procurad ser la menor de todas y esclava suya, mirando cómo o por dónde las podéis hacer placer y servir; pues lo que hiciereis en este caso, hacéis más por vos que por ellas, poniendo piedras tan firmes, que no se os caiga el Castillo" (M7 4,8).

Hay muchos peligros que se pueden evitar en este camino con la adquisición de esta virtud, porque la humildad nos adhiere a la realidad: "...el caminar que digo es con una grande humildad" (M 3.2.8); ella será el ungüento de nuestras heridas; porque, si la ley de veras, aunque tarde algún tiempo, vendrá el cirujano, que es Dios, a sanarnos" (M3 2,6).

Las Terceras Moradas representan un tiempo de gran trabajo hacia el interior del ser, de gran ascesis y también de crecimiento humano y espiritual. Están mezclados el trigo y la cizaña, debemos optar por el trigo, (Mt 13, 24- 30). De esta opción surgirán los primeros brotes de respuesta y entrega, se tendrán que vencer las dificultades, tentaciones y pruebas. El ser humano tiene un núcleo vital.

¿Qué sucede en ese núcleo? Sucede lo esencial; allí convive el misterio de la vida, lo íntimo de la persona, el amor, las experiencias positivas y negativas. Teresa lo llamará “palmito”, todos tenemos un núcleo que es nuestro "yo" profundo. Hemos rodeado ese yo con una empalizada, para protegerlo del mundo exterior, por sentirlo en ocasiones amenazado. Si entras en ese núcleo desnudo, la conversión es inmediata; Teresa nos pide romper la muralla sin miedo, para llegar al centro, eso es la humildad.

A través de la oración de recogimiento y la virtud de la humildad nos introducimos en tres cosas que pueden parecer antagónicas: 1) La grandeza de cada ser humano por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios; 2) al mismo tiempo, bajar al sótano del yo para desenmascarar las miserias, mirarlas de frente y aceptarlas; 3) reconocer la diferencia entre la grandeza y la miseria.

Con la ayuda de Dios, que va descubriéndonos el cielo en la tierra, con la compañía de Cristo y la oración de recogimiento, el caminante tratará de asumir la totalidad de su historia pasada y presente, bajo la amorosa mirada de Jesucristo. Cuando se acepta la realidad del yo, no se juzga a nadie, porque se conocen. Aceptar sin mascaras la realidad, ahí se resume este proceso. En este proceso se abarca también la realidad del mundo, con la virtud del desasimiento hasta llegar a decir como la Santa:

"Paréceme a mí que cuando una persona ha llegádola Dios a claro conocimiento de lo que es el mundo, y qué cosa es mundo, y que hay otro mundo, y la diferencia que hay de lo uno a lo otro, y que lo uno es eterno y lo otro soñado, o qué cosa es amar al Criador o a la criatura (Esto visto por experiencia, que es otro negocio que sólo pensarlo y creerlo), o ver y probar qué se gana con lo uno y se pierde con lo otro, y qué cosa es Criador y qué cosa es criatura, y otras muchas cosas que el Señor enseña a quien se quiere dará ser enseñado de él en la oración o a quien Su Majestad quiere, que aman muy diferentemente de los que no hemos llegado aquí" (CV 6,3).

Conocer la realidad: ¿Quién es Dios, quién soy yo? La realidad personal que Santa Teresa logró a través de la humildad, la llevó a la profundidad del "Yo". Se considera una mujer "ruin". Junto a los regalos que Dios le daba, iba descubriendo sus propias miserias.

"Verdad es que yo soy más flaca y ruin que todos los nacidos" (V 7,22; M3 1,3). Por tal motivo, sorprende la última frase del Castillo Interior: "...Y así os pido por el mismo Señor que no olvidéis en vuestras oraciones esta pobre miserable" (M4 16).

Por conocer Teresa sus limitaciones, se vuelve a Dios y deposita toda su confianza en El, reconoce los dones incesantes que recibe de El sabiendo que sin los cuáles, no hubiera podido crecer hasta las cumbres místicas de la santidad. Termina su yo herido entregado en los brazos del Amado, convirtiendo lo que posiblemente se convertiría en un foco de conflictos neuróticos en el fundamento de la libertad. Debemos dejar todo en las manos de Dios para que se cumpla su voluntad.

"Y con esto, este estado (de la humildad) es excelentísimo; y si no, toda nuestra vida nos estaremos en él y con mil penas y miserias. Porque, como no hemos dejado a nosotras mismas, es muy trabajoso y pesado; porque vamos muy cargadas de esta tierra de nuestra miseria, lo que no van los que suben a los aposentos que faltan" (M3 2,9).

El humilde anda en la verdad, ante la verdad que es Dios: "Y así entendí qué cosa es andar un alma en verdad, delante de la misma Verdad. Esto que entendí, es darme el Señor a entender que es la misma Verdad" (V 40,3).

..."Dios es suma verdad, y la humildad es andar en verdad, que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende, anda en miseria" (M6 10,7).

5.- La acción: El valor de la prueba:

¿Cuál será el mejor termómetro?

La vida diaria será el mejor termómetro donde tomar la temperatura espiritual. La práctica se convierte en la mejor forma de comprobar el avance espiritual. De la oración a la acción, y de la acción, volvemos a la oración.

Cuando la Gracia Divina llevó a Santa Teresa a Moradas más altas, nunca olvidó la esencia de las Terceras. A ellas, recurrió siempre. Seguiremos las indicaciones de las Moradas anteriores: Ir llenando la vida de sentido religioso; dedicar un tiempo diario al silencio y a la oración; procurar evitar el pecado grave o leve; nos reuniremos con otras personas deseosas de llevar un camino espiritual; practicaremos los sacramentos y haremos crecer las virtudes.

Recuerde:

-Dedicamos de modo habitual un tiempo para la oración.

- Leemos, estudiamos y meditamos la Palabra de Dios.

-Además de seguir conociendo a Jesucristo, reflexionamos sobre el misterio de la Santísima Trinidad: Dios es nuestro Padre.

-Estamos decididos a seguir a Jesucristo con la mayor perfección.

-Se nos pide entregar nuestro "yo".

-Lo aprendido en las dos primeras Moradas, lo vamos incorporando poco a poco a la vida.

Visitamos con frecuencia esas Moradas.

-A partir de ahora todo sucede en el interior: Oración de recogimiento.

-Ser humilde equivale a aceptar la realidad.

Oración.-

"Buen Padre os tenéis, que os da el buen Jesús. No se conozca aquí otro padre para tratar de él. Y procurad, hijas mías, ser tales que merezcáis regalos con él, y echaros en sus brazos. Ya sabéis que no os echará de sí, si sois buenas hijas. Pues ¿quién no procurará no perder tal Padre? ¡Oh, válgame Dios!, y que hay aquí en qué os consolar, que por no me alargar más lo quiero dejar a vuestro entendimiento; que por disparatado que ande el pensamiento, entre tal Hijo y tal Padre forzado ha de estar el Espíritu Santo, que enamore vuestra voluntad y os la ate tan grandísimo amor, ya que no baste para esto tan gran interés" (CV 27,6-7)

Bibliografía: Acercar el cielo. P. Antonio Mas Arrondo,

Editorial: Sal Terrae.- Itinerario Espiritual con Teresa de Jesús.

Ponente: Elena Briceño.

Carmelitas Descalzas de Los Chorros Caracas

miércoles

Segundas Moradas

XII Encuentro con la Mística Carmelitana
Escuela de la Mística Carmelitana (presencial)
Segundas Moradas
Lugar de encuentro, entre el cielo la tierra.
Ponente: Elena Briceño.

El conocimiento para seguir a Jesucristo
¿Qué sucede por haber entrado en el Castillo?
Hemos iniciado un proceso espiritual que, nos irá llevando a espacios desconocidos. También hemos dado los primeros pasos en la oración y, hemos hecho firmes propósitos para aplicarlos a nuestras vidas.

¿A dónde nos van a introducir, las segundas moradas?
En Jesucristo, fundamento de este itinerario espiritual.

¿Qué reproduciremos en nuestras vidas?
La llamada que Jesucristo le hizo a sus apóstoles, cuando los invitó a que lo conocieran y lo siguieran. "Venid y veréis dónde vivo y lo que hago", es una invitación con compromiso.

¿Cuál es el asunto central de estas moradas?
El conocmiento amoroso de Jesucristo. Esto siempre estará presente a través, del caminar por las otras moradas.

¿Cuándo visitaremos las segundas moradas?
Siendo el conocimiento e imitación de los misterios de la vida, muerte y resurrección de Cristo el fundamento del itinerario, estas moradas las visitaremos con regularidad, incluso todos los días.

¿Qué virtudes aprenderemos el estas moradas?
Perseverancia en la fe, desasimiento de todo lo creado y amor al prójimo.

¿Qué oración aprenderemos aqui?
La oración de meditación.

¿Quiénes habitan las segundas moradas?
"Habitan las segundas moradas quienes siguen iniciándose en lo espiritual, procuran aplicar a la vida lo ya expuesto y han decidido tomar a Jesucristo como guía y maestro."

"Por regla general, el conocimiento de Cristo llevará años. Dios respeta los tiempos humanos, al tiempo exige fidelidad y aplicación a la vida de todo cuanto Él nos va enseándo. Como en las segundas moradas se trata de seguir e imitar a Cristo haciéndolo vida de nuestra vida, el siervo del amor probablemente permancerá en ellas largo tiempo, aunque en estos asuntos de Dios no haya otra regla que el amor y la gracia. Según confiesa Teresa, ella estuvo dieciocho años habitando las segundas moradas. La experiencia demuestra que suelen ser muy frecuentes los vaivenes, avances y retrocesos, crisis personales o sociales que nos alejan de la vida espiritual o incluso nos sacan del castillo. Por eso la santa las denomina, moradas del combate espiritual."

Las segundas moradas cuentan con un solo capítulo.

1- El Dios de Jesucristo. ¿Cuál es la esencia del cristianismo? Es Jesucristo. En la Persona de Cristo se unen la plenitud de la Humanidad y la Divinidad, siguiendo la definición del Concilio de Calcedonia. Al Dios amor, llegaremos en estas moradas de la mano de Jesucristo.

2- La "Sacratísima Humanidad" de Cristo. "Partimos de Cristo hombre y, por imitación, nos vamos adentrando en la Divinidad. Porque aquel que pasa la mayor parte de su vida en el silencio del trabajo anónimo, pasea por las orillas del lago de Galilea, anuncia el Reino de Dios, cura a los enfermos o se enfrenta a la muerte, es Dios, Palabra de Dios, Dios hecho hombre, vencedor de la muerte, resucitado de entre los muertos sentado a la derecha del Padre, Señor de la historia. Por tanto, Cristo Hombre se convierte en la vía de acceso a Dios. De donde se deduce que la Humanidad de Cristo es sagrada, "Sacratísima".

"Un hombre nos sale al encuentro en la vida. Nos llama a seguirlo e imitarlo. Desea que lo conozcamos y amemos. En El se encierra alguien igual a mí en todo, (Menos en el pecado) que sabe de tristezas y alegrías, de amor y desamor, de felicidad y de sufrimientos, de amigos y enemigos, de vida y de muerte." Este hombre se llama Jesús.

¿En qué consiste la existencia cristiana? En reproducir en la vida el ejemplo de Jesucristo. "Este Señor nuestro es por quien nos vienen todos los bienes. El le enseñará. Mirando su vida, es el mejor dechado. ¿Qué más queremos de un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe sí. Miremos al glorioso san Pablo, que no parece se le caía de la boca siempre Jesús, como quien le tenía bien en el corazón ( V 22.7).


"Con tan buen amigo presente, con tan buen capitán que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir.

Él ayuda y da esfuerzo; nunca falta, es amigo verdadero. Y veo yo claro, y he visto después, que para contentar a a Dios y que nos haga grandes mercedes, quiere sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo Su Majestad se deleita.

Muy muchas vees lo he visto por experiencia. Hámelo dicho el Señor. He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos" ( V 22.6).

En conclusión: La "Sacratísima Humanidad" significa Cristo Hombre, resucitado, en cuerpo glorificado."

"Es gran cosa, mientras vivimos y somos humanos, traerle humano ( V 22.9).

El Señor nos invita a todos, a vivir esta experiencia de amor y amistad. "Mirad que convida el Señor a todos" (M 2.3).

3-La oración de meditación

Para reconocer a Cristo, cuando viene diariamente a nuestra vida en ese encuentro amoroso, tenemos como medio para reconocerlo, la oración de meditación y los evangelios.

Esta oración nos dará las respuestas de cómo reconocerlo, escuchar la voz de su llamada y de cómo iniciar el diálogo con Él.

"No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama" ( V 8.5).

Claramente nos dice la santa que, tenemos que buscar un espacio de soledad para que se den las condiciones de la amistad con quien nos ama, Jesucristo desde su Humanidad.

Para conocer al otro tenemos que aprender a escucharlo. Debemos poner la mirada en Cristo y en su vida, para que se funda en la nuestra. El canal es el Evangelio. A través, del entendimiento conocemos a Jesucristo tal cual, lo apreciamos en los evangelios que meditamos y, luego los hacemos vida propia.

La persona participa activamente en el conocimiento porque va apropiándose de las cualidades del Señor, las va haciendo suyas y configurándose con Él. De este modo, progresivamente el caminante irá cambiando su forma de ser y de comportarse hasta parecerse más al Señor.

¿Qué propone Teresa?

Ella propone que, en función de la situación del caminate, se vaya conociendo a Jesucristo:
"Si estáis alegre, miradle resucitado" ( C 26.4). "Si estáis con trabajos o triste, miradle camino al huerto," "o miradle atado a la columna," "o miradle cargado con la cruz" ( C 26.5).
Leamos este importante texto, fundamental para crecer en la meditación del Evangelio.
"La examinación de la conciencia y decir la confesión y santiguaros, ya se sabe a de ser lo primero. Procurad luego, hija, pues estáis sola, tener compañía. Pues ¿qué mejor que la del mismo maestro que enseñó la oración que vais a rezar? Representad al mismo Señor junto a vos y mirad con qué amor y humildad os está enseñando. Y credme, mientras pudiereis no esteís sin tan buen amigo. Si os acostumbráis a traerle cabe vos y Él ve que lo hacéis con amor y que andáis procurando contentarle, no le podréis -como dicen- echar de vos; no os faltará para siempre; ayudaros ha en todos vuestro trabajos; tenerle heis en todas partes: ¿pensáis que es poco un tal amigo al lado?" (C 26.1).

Este paso es importantísimo para las próximas moradas, por eso hay que hacerlo bien:

Llegado el momento, cerramos el evangelio y nos dejamos mirar por Él. Su mirada es de amor; nos "engolosina," nos está amando. "No os pido ahora que penséis en Él ni que saquéis muchos conceptos ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis. ( C 26.3)

Casi imperceptiblemente con este juego de miradas amorosas, estamos construyendo el piso para la oración de contemplación y la sanación del yo herido, por medio de Cristo. Para finalizar la oración, debemos volver por un momento sobre nosotros mismos, para discernir cómo hacer vida lo que vamos aprendiendo.

¿De cuántas partes consta la oración de meditación?

Consta de tres partes: La introducción o saludo inicial, la meditación del evangelio y el silencio amoroso de mirar y dejarse mirar.El secreto de esta oración es: dejarse mirar; amar es, dejarse mirar. "Mire que le mira"...(V 13.22)

Oración con imágenes

Las imágenes son un recurso válido para facilitar traer la figura de Cristo a nuestro interior, es un medio no un fin.La santa nos dice: "Tenía tan poca habilidad para con el entendimiento representar cosas, que si no era lo que veía, no me aprovechaba nada mi imaginación, como hacen otras personas que pueden hacer representaciones adonde se recogen. Yo sólo podía pensar en Cristo como hombre". "A esta causa era tan amiga de imágenes" ( V 9.6).La lectura espiritual. Al comienzo de su vida espiritual, la Santa sólo podía orar apoyada en algún libro ( V 4.7).

"Una última manera de hacer oración de meditación tiene como punto de partida la lectura de un libro de espiritualidad." 4- La transformación de la persona por el crecimiento de las virtudes: la perseverancia en la fe, el amor al prójimo y el desasimiento En estas moradas el "siervo del amor" está en medio de la lucha espirtual. Para estar preparado se necesita con urgencia la ayuda de Dios: "¡Oh Señor mío! aqui es menestar vuestra ayuda, que sin ella no se puede hacer nada. por vuestra misericordia no consintáis que esta alma sea engañada para dejar lo comenzado" ( M 2.6).

A pesar de haber empezado vida de oración, el caminante aún no ha desarrollado lo suficiente las virtudes. Por tal razón es posible que caíga y se levante; la presión del medio en el que se desenvuelve le tienta a retroceder incluso a salir del castillo. Se presentan enfermedades, tentaciones del demonio, falta de tiempo para la oración, desánimo, vanidad, orgullo etcétera. Hay que ser conciente de estas tentaciones y tropiezos, recurrir a la meditación en la Pasión de Cristo, y no decaerse ni sentido de culpa si se equivoca o peca. "Porque aquí es el representar los demonios estas culebras de las cosas del mundo y el hacer los contentos de él casi eternos, la estima en que está tenido el él, los amigos y parientes, la salud en las cosas de penitencia (que siempre comienza el alma que entra en esta morada a desear hacer alguna). Y otras mil maneras de impedimentos) ( M 2.1.3; C 3.5).

"Tomad mi consejo y no os quedéis en el camino, sino pelead como fuertes hasa morir en la demanda, pues no estáis aqui a otra cosa sino a pelear. Y con ir siempre con esta determinación de antes morir que dejar de llegar al fin del camino...( C 20.2) En esta batalla nos va la vida, "venga lo que viniere, no ha de tornar atrás" ( C 20.2). La virtud de la perseveranciaQué le debemos pedir a Dios, en este combate espiritual?La decisión de entrar en el castillo de las primeras moradas debe consolidarse en estas, pidiéndole a Dios la virtud de la perseverancia. Dónde debemos poner los ojos para alcanzar esta virtu, con la gracia de Dios?

Siempre ponerlos en Cristo, en nuestro interior y en propósito que deseamos obtener.Se presentarán muchas tentaciones demoníacas como el temor a lo desconocido junto a más perturbaciones que tratarán de detener progreso del caminante."Miedos le pondrá e incovenientes que nunca acabe. Yo lo sé esto muy bien por experiencia, y así lo he sabido decir, y digo que no sabe nadie lo mucho que importa" ( C 23.4). Por el contrario, "si persevera, no se niega Dios a nadie. Poco a poco va habilitando él el ánimo para que salga con esta victoria. Digo ánimo, porque son tantas las cosas que el demonio pone delante a los principios para que no comiencen este camino de hecho, como quien sabe el daño que de aquí le viene, no sólo en perder aquel alma sino muchas" ( V 11.4 ).

La virtud del amor"El crecimiento en la oración debe ir unido al aumento de las virtudes. No cabe en la vida espiritual la una sin la otra." A las ya virtudes mencionadas, encontramos estas tres fundamentales para la vida cristiana: Amor al prójimo, desasimiento de todo o creado y la humildad. El amor como fundamento de las relaciones humanas; el desasimiento como forma de ver el mundo y la humildad, cualidad que nos permite tener una valoración adecuada de nosotros mismos".El itinerario espiritual marcará el rumbo hacia los mandamientos principales del evangelio: El amor a Dios y el amor al prójimo ( M 1.2.17 Y M 5.3.7).Desde el principio nuestro modelo perfecto del amor será Cristo, nuestro redentor, el "capitán del amor" ( C 7.9).

Le mandó a los apóstoles que se amaran los unos a los otros "como yo os he amado" (Jn 14,34; C 7.4). Esa será la norma esencial: amar como nos ama "el buen amador Jesús" ( C 7.4). Jesús nos enseñó que hay más placer en dar que en recibir ( Hch 20,35; C 6.7). Por lo tanto amar representa "darnos," es una fuerza que nos permite salir de nuestros egoismos, para para llegar al prójimo y, encontrarnos con Cristo a través de él. La virtud del desasimientoEsta virtud está muy vinculada con el amor y la humildad (La humildad la veremos en las terceras moradas). Estar "desasido" equivale a estar sano, en libertad de espíritu y entera paz (C 8.3).

"Ahora vengamos al desasimiento que hemos de tener, porque en esto está el todo, si va con perfección. Aquí digo está el todo, porque abrazándonos con solo el acariador y no se nos dando nada por todo lo criado, Su Majestad infunde de tal manera las virtudes, que trabajando nosotros poco a poco lo que es en nosotros, no tendremos mucho más que pelear, que el Señor toma la mano contra los demonios y contra todo el mundo en nuesta defensa. ¿Pensáis hermanas, que es poco bien procurar este bien de darnos todas al Todo sin hacernos partes?" Este proceso se vive en el interior y exterior de la persona. Toca distintas realidades de nuestra vida como la familia, nuestro yo, el cuerpo etcétera.Aqui surge una pregunta importante: ¿ Estoy dispuesto (ta) a vivir en clave de desasimiento hasta alcanzar la libertad de la que me habla santa Teresa, en mi condición de laico comprometido (da)?. "Solo Dios basta".

5- La acción exterior: una vida llena de sentido religioso, el voluntariado hacerse espaldas. Los cambios en el caminante de las segundas moradas, son muy sutiles; el conocimiento que han ido adquiriendo de Jesucristo, los van llevando a adoptar un nuevo estilo de vida dentro de la cotidianidad, poco a poco. Es decir, llevan una vida normal con más sentido, concientes de la fe que va creciendo en sus corazones por Dios y, los deseos de seguir a Cristo e imitarlo.En el comienzo necesitamos ayuda, debemos acudir a los "remedios" que hay en la Iglesia para fortalecernos, muy especialmente el sacramento de la reconciliación y el de la Eucaristía. Teresa era amiga de confesarse con frecuencia ( V 5.9.; V 23.14).

La Eucaristía "será nuestra escuela predilecta, donde aprenderemos a ofrecer nuestra vida a Dios junto con Cristo, como podremos comprobar en las quintas moradas.""Obras de caridad," en lenguaje moderno, voluntariado. Debemos disponer de un tiempo durante la semana, para colaborar en algún lugar donde requieran de personal voluntario, para contribuir al buen funcionamiento de la socieda y a la Iglesia. "El amor al prójimo, junto con el amor de Dios, forma parte constitutiva del cristianismo, como es sabido por todos. Sobre él se construye la comunidad de personas, tanto familiares como asociativas. Vivido con perfección, constituye la cumbre de la fe cristiana y la mística española, catalogada como mística de la afectividad. El conjunto del itinerario espiritual propuesto en el Castillo Interior es un tratado del amor de Dios al hombre y del hombre a Dios."

El embrión de la comunidad es hacerse espalda y el voluntariado. ¿Qué significa hacerse espaldas?Es ser respetuoso solidario del otro, Teresa le daba mucha importancia a las comunidades pequeñas, que se sustentaban en el amor mutuo y, en el entusiasmo por seguir a Cristo. Cuál es el consejo que nos dá la Santa?"Por eso, aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio, procuren amistad y trato con otras personas que traten de los mismo. Es cosa importantíma, aunque no sea sino para ayudarse unos a otros con sus oraciones, ¡cuánto más que hay mucha ganancia!" ( V 7. 20).

Esto nos ayuda a ver que también habían muchas dificultades en sus comunidades, cómo las hay hoy en día; por eso, el consejo es muy oportuno y útil para salir adelante y, vencer nuestras miserias humanas, vivir de común-acuerdo y amor fraterno dentro de la comunidad. "Porque andan ya las cosas del servicio de Dios tan flacas, que es menester hacerse espaldas unos con otros los que le sirven para ir adelante, según se tiene por bueno andar en las vanidades y contentos del mundo. Y para estos hay pocos ojos: y si uno comienza a darse a Dios, hay tantos que murmuren, que es menester buscar compañía para defenderse, hasta que estén fuertes en no les pesar de padeer; y si no, veránse en mucho aprieto" ( V 7.22).

Este camino espiritual nos invita a buscar otras personas con ideales comunes, para compartir vida en el Espíritu, apoyarse unos con otros compartir momentos de oración porque, no es un camino individualista. Siendo un itinerario personal, está muy lejos de ser egocentrista. Hay que seguir creando cosas maravillosas de la mano de Jesucristo, abrir sin ningún temor nuevas habitaciones aceptar nuevos retos, en las segundas moradas.

Recuerde:- "Busque momentos de soledad y silencio para aprovecharlos en oración.- Recurra sin cesar -a poder ser cada día- al Evangelio.- Haga lo posible por dejar crecer las virtudes.- Todo sea hecho con suavidad y alegría (leer el capítulo 13 de Vida).- No deje de practicar el conocimiento propio y repasar la vida pasada en busca de sus equivocaciones y pecados.-

Busque otras personas con quien hablar de la vida espiritual.- Tampoco desee de repente que todos sean personas mu espirituales porqu usted haya emprendido este camino. De momento, nos basta con intentar crecer nosotros. Vea en los demás sus virtudes, más que sus pecados, e intente imitarlas.-

Camine por la vida espiritual con confianza en su nuevo amigo Jesús y en las posibilidades que le ofrece si no le deja de la mano.- Viva el itinerario espiritual con alegría y libertad, no se agobie, no se angustie; utilice su sentido común para saber en todo momento cómo conducirse."

Oración "¡Oh Señor mío! Aqui es menester vuestra ayuda, que sin ella no se puede hacer nada. Por vuestra misericordia no consintáis que esta alma sea engañada para dejar lo comenzado. Dadle luz para que vea cómo está en todo esto su bien, y para que se aparte de malas compañías; que gradísima cosa es tratar con los que tratan de esto; allegarse no sólo a los que viere en estos aposentos que él está, sino a los que entendiere que han entrado a los de más cerca; porque le será gran ayuda, y tanto los puede conversar, que le metan consigo.

Siempre esté con aviso de no se dejar vencer; porque si el demonio le ve con una gran determinación de que antes perderá la vida y el descanso y todo lo que le ofrece, que tornar a la pieza primera, muy más presto le dejará. Sea varón, y no de los que se echaban a beber de bruces, cuando iban a la batalla, no me acuerdo con quién, sino que se determine que va a pelear con todos los demonios y que no hay mejores armas que las de la cruz" ( M 1.2.6).

Bibliografía Antonio Mas Arrondo, "Acercar el Cielo" Itinerario espiritual con Teresa de Jesús. Editorial SAL TERRAE. Santander.
Ponente: Elena Briceño.

jueves

XII Encuencuentro con la Mística Carmelitana
Escuela de la Mística Carmelitana (presencial)

Primeras Moradas
Lugar de encuentro, entre el cielo la tierra.
Ponente: Elena Briceño.
Monasterio de las Hermanas Carmelitas Descalzas
de Los Chorros en Caracas.
Sábado, 21 de marzo de 2009




Introducción

Sugerencias para entender el itinerario.

Santa Teresa de Jesús había alcanzado su madurez espiritual y, había atravesado la mitad de su vida, cuando escribió "Las Moradas del Castillo Interior". Con un dominio de la pluma maravilloso, alcanza su obra maestra, según ella, "una joya" que aventaja al Libro de Vida. Es la obra donde se encuentra, toda la experiencia y doctrina teresiana.

Santa Teresa, comenzó a escribir por obediencia a sus superiores. Da inicio a la obra el día 2 de Junio de 1577 y concluye el 29 de Noviembre del mismo año, en San José de Avila. Tiempo muy corto, para la obra cumbre de la mística Cristiana; sin duda alguna, el Espíritu Santo la acompañó con sus dones y carismas, en su género literario...

Dos preocupaciones tenía la santa en ese momento: El descubrimiento de América y la división de la Iglesia, por los protestantes. Se dedicó a fundar monasterios, a la vida de oración y a dejar constancia de su amor a Dios, a través, de sus escritos; quería que les sirvieran a las personas que llenaran sus conventos y, trascendieran mas allá de sus muros. Deseaba "allegar" almas a Dios.

Teresa narró lo que vivió, por eso es una "Mistagoga," se base en su experiencia personal de amistad con Dios, y lo que El hace en su camino de interiorización, hasta llegar a la perfección Cristiana.

A quiénes va dirigido este libro?
A todas las personas con hambre y sed de Dios, que buscan en medio de los avatares de la sociedad donde se desenvuelven, un espacio para cultivar las virtudes, valores humanos y espirituales. Cada uno, (Una) será un caminante que según sus necesidades, buscará de la mano de Dios y santa Teresa, una vida digna de alcanzar a través deLas Moradas, el Matrimonio Espiritual con el Amado.

Qué se presenta, en el Castillo Interior?
"Una manera de interpretar el Evangelio de Jesucristo, como una historia de seguimiento y proresivo acercamiento a su Persona desde lo más profundo del ser humano."

Qué reproducen las siete moradas?
"Los grandes siete hitos que debieron recorrer los discípulos de Cristo desde que fueron llamados por El hasta que volvieron a encontrarse tras su Resurrección, cuando fueron enviados a su misión."


En qué consiste la originalidad teresiana?
Consiste en haber extraído de los evangelios los siete momentos culminantes de la relación entre Jsucristo y los discípulos y haber experimentado ella misma esos pasos milenio y medio después de los hechos."

La eficacia del Castillo, se centra en esta condición: La relación personal entre Cristo y la persona.

"El desarrollo de la relación contiene siete momentos:
- Las primeras moradas demuestran que toda persona está llamadaa vivir en comunión con Dios, por haber sido creada a imagen y semajanza suya.
- En las segundas moradas, Jesucristo llama personalmente a un grupo de personas a conocerlo y seguirlo.
- En las terceras, los discípulos deben decidir seguirlo totalmente, con perfección.
- En las cuartas los conduce al Tabor para que descansen, descubran su gloria y se preparen para lo que va a acontecer.
- Las quintas moradas reproducen, por una parte, la muerte de Cristo en la cruz y, por otra, la necesaria muerte del hombre a sí mismo.
- Después de participar en la muerte de Cristo aprenden a amar; éste será el objeto de las sextas moradas.
- En las séptimas participaremos de la resurrección del Señor y, por tanto, de la nuestra. quedando preparados para ser eficaces en la acción, convertidos
en colaboradores del Crusificado y Resucitado."

Quién será el centro del itinerario?
El centro será Jesucristo.

De cuántos apartados consta cada morada?
De cinco apartados.

- Dios.
- Jesucristo.
- Forma de oración.
- Cambio personal.
- Acción.

Qué aprenderemos en cada morada?
Relación con Dios y Jesucristo.
Formas de oración.
Virtudes.
Acción-pautas.

En resumen: El itinerario tiene dos actores principales, Dios y el hombre, como vínculo de amor entre los dos está Jusucristo, camino para llegar al Padre.
La oración es la puerta para entrar al Castillo; cualquiera de ellos que fallara, se viene abajo toda la edificación.

Dios: Misterio
Hombre: Antropología
Oración : Puerta, unión con Dios Trino.

Qué nos recomienda santa Teresa?
Da algunas valiosas recomendaciones que serán luz y guía, en el transcurso del camino. Son, a saber:
"Pongamos los ojos en Cristo" (M 1.2.11).
"Poned los ojos en el centro" (M 1.2.8)
"Los ojos en el verdadero y perpetuo reino que pretendemos ganar" (V 15.11).

Qué nos recomienda la santa para visitar cada morada?
Nos da una un importante consejo: "No la arrincone ni apriete (Al alma). Déjela andar por esta moradas, ariba y abajo y a los lados, pues Dios le dio tan gran dignidad. No se estruje en estar mucho tiempo en una pieza sola) (cf. M 1.2.8) Nos muestra un recorrido hecho en clave de libertad, hasta alcanzar el esquema de profundización, planteado en las moradas.


Primeras Moradas
Fuerte llamada a vivir con Dios


En estas Moradas se debe hacer un examen de conciencia profundo. Es la praxis agustiniana del "noverim me", conozcame a mí y, la clásica formula del conócete a ti mismo.

"Si alguien me ama cumplirá mi palabra mi Padre lo amará, vendremos a él y haremos morada en él." (Jn 14,23)

La decisión de entrar en esta Morada la debemos hacer sin ningún temor, ya que no se exigen requisitos especiales, sólo el deseo de llevar una vida más espiritual.
Estas Moradas son las del misterio de Dios. Un Dios que se comunica con las personas, por haber sido creadas a su imagen y semejanza. En estos primeros pasos por la espiritualidad y, con santa Teresa como maestra y guía habrá que preguntarse, sobre cuál es la imagen que tenemos de Dios. Así mismo, nos dejaremos seducir por Jsucristo, para que nos revele la verdadera imagen del Dios Cristiano.

En las primeras Moradas, aprenderemos los elementos de la oración de una manera sencilla y fácil de practicar. Aqui se tratan dos virtudes: Austeridad de vida y conocimiento propio.

Los actores del itinerario: Dios y el Hombre. En un segundo plano el demonio.
Moradas de la unidad de Dios.

Qué aspectos veremos en esta Morada?
"El miserio de un ser superior a nosostros, al que llamamos Dios, la posibilkidad de qye haya querido entablar comunicación con el hombre medianta la revelación, y la posibilidad también de adjudicar a Jesucristo la condición de mediador de esta revelación, serán los aspectos que veremos en estos pimeros pasos de la vida espiritual."

Quiénes visitarán estas Moradas?
"Todos los seguidores del itinerario, al necesitar recurrir siempre a la oración vocal y litúrgica. Todos los días vendremos a ellas a conocernos mejor, hasta dejar caer las máscaras con que habitualmente paseamos por la vida. Incluso los habitantes de las séptimas moradas deberán recurrir a diario al conocimiento de si mismos en las primeras. También cuando nuestro compotamiento perjudique a otros o entremos en crisis de fe."


A continuación, veremos las cinco habitaciones de estas moradas:
1.- Un Dios deseoso de comunicarse con el hombre.
Quién es Dios para santa Teresa?
Es un misterio de comunicación y amor deseoso de relacionarse con las critaturas, las cuales son capaces de entenderlo por haber sido creados a su imagen y semejanza."

Qué muestra el Castillo Interior?
"Muestra de qué manera ha sido posible la comunicación de Dios con una persona." Para comenzar el itinerario, es Dios mismo quien introduce al caminante por su gratuidad en su presencia.

Qué afirman las primeras moradas?
"Comienzan afirmando la posibilidad de una relación con Dios, y las últimas la verifican y confirman:

"...nos hará ver que es posible en este destierro comunicarse un tan gran Dios con unos gusanos tan llenos de mal olor;
y amar una bondad tan buena y una misericordia tan sin tasa." (M 1.1.3)
El proceso de la vida espiritual se enraiza en esa misericordia tan sin tasa, Dios no pone límites a su amor.
En esta habitación hemos de preguntarnos, si estamos dispuestos a abrirnos a la gracia de la comunicación con Dios.

IMAGENES DE DIOS
"La idea de Dios que llevamos dentro puede ir acompañada de espectativas, determinaciones, proyecciones, etc. Nuestra idea de un ser superior a nosotros la elaboramos dentro de la Iglesia, por la fe recibida de nuestros padres, o al margen de la imagen transmitida por la Iglesia, porque la elaboración de la imagen tiene que ver con el trasfondo de experiencias vividas. De todas la imagenes elaboradas en el Antiguo Testamento, los cristianos pensamos que la mejor y más auténtica nos fue legada por Jesucristo, y que la Biblia ha sido el maco pedagógico en el que se fue fraguando hasta la culminación en Cristo."

Cómo fue la experiencia de Teresa?
"La idea de Dios fue evolucionando, pasando de un Dios lejano que provocaba temor, al Dios de Jesucristo, y de ahí al Dios Trinitario. La primera imagen que recuerda la denomina de "temor servil." De ahí evolucionó hasta alcanzar la imagen de Dios misericordioso. Pasó del temor al amor. Después fue revestido con los calificativos designados a los caballeros de esa época: Rey, Señor, Su Majestad, etc."

"...por ruines e imperfectas que fuesen mis obras, este Señor mío las iba mejorando y perfecccionando y dando valor, y los males y pecados luego los escondía. Aun en los ojos de quien los ha visto, permite su Majestad se cieguen y los quita de su memoria. Dora las culpas. Hace que respaldezca una virtud que el mismo Señor pone en mí casi haciéndome fuerza para que la tenga." (V 4.10)

Qué debemos aspirar?
A esta imagen de un Dios misericordioso que, está presente en todas las manifestaciones de nuestra vida, que actúa a través, del amor.
El cambio de una imagen a otra debemos hacerla en estas moradas.

En consecuencia debemos preguntarnos:
1.- Cuál es mi imagen de Dios?
2.- Qué experiencias la acondicionan?

2. El Dios de Jesucristo

El seguimiento de Cristo exige radicalidad. Para avanzar en este itinerario espiritual propuesto por santa Teresa, debemos aceptar en estas primeras moradas,
la idea de que sea propiamente Jesucristo, quien nos vaya llevando hacia la verdadera imagen de Dios.
Si aceptamos la propuesta, nos podemos considerar dentro del cristianismo. Tanto el Evangelio como la Santa nos lo dicen: Jesús es el camino, la verdad y la vida, y nadie va al Padre sin El (M 2.1.11) El es nuestro Salvador (M 1.2.4) En El ponemos los ojos al comenzar el itinerario espiritual (M 1.2.11)

3. La oración vocal.

Para Teresa la oración es una codición dispensable, para poder entrar en el Castillo: "A cuanto yo puedo entender, la puerta para entrar en este Castillo es la oración" (M 1.1.7; C 21.6) Es el puente por el cual, se relaciona Dios con la persona. La oración es relación de amistad con Dios. "Esto exige un tiempo de silencio diario para darle a Dios la oportunidad de hablar y, a nosotros de escucharlo". En medio de tanto ajetreo, debemos tomar un tiempo para entrar en el mundo de la oración con firme decisión.
Aqui nos da la santa una pauta muy clara:
"...los que quieren ir por el y no parar hasta el fin, que es llegar a beber de esa agua de vida, cómo han de comenzar, digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabájase lo que se trabajare, murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se muera en el camino o no tenga corazón para los trabajos que hay en él, siquiera se hunda en el mundo." (C 21.2).

A solas y en silencio rezamos con los labios y con el corazón algunas de las oracions fundamentales para los cristianos: Un Avemaría, el Credo, el Gloria, el Rosario etc."
"De todas las oraciones recibidas, la más importante es, sin duda, el Padrenuestro, por ser la que nos enseñó el mismo Jesús. Dicha con los labios y el corazón, libres de otras preocupaciones, conscientes de la Persona a quien nos dirigimos, puede llevarnos a intensos momentos de oración e incluso d contemplación (cf. C 23.2; C 25.1).
Al comienzo del itinerario no será fácil tener espacios de sosiego, por estar envueltos en muchas emergencias...estaremos llenos de ruidos y obstáculos (Sabandijas que entran en el Castillo", como dirá la Santa). De todas formas, no debemos frustrarnos por eso, debemos seguir adelante con fe y entusiasmo.
"Venga lo que viniere, no ha de tornar atrás (...) Si no nos dejamos vencer saldremos con la empresa" (C 23.5)

4. La persona: un castillo habitado

"Trataremos de entrar en el Castillo, en nosotros mismos, huyendo de la periferia y de la vida superficial para descubrir la importancia de la creación a imagen y semejanza de Dios. El itinerario teresiano se sustenta sobre una concepción altamente positiva del ser humano."

En esta instancia veremos dos virtudes: La pobreza y el conocimiento propio.
Desde las primeras moradas a las terceras, están el bloque de las moradas ascéticas, porque hay más esfuerzo de la voluntad del caminante. Las cuartas son el puente entre las ascéticas y místicas, que son las quintas, sextas y séptimas.

Santa Teresa no sabía como explicar la hermosura del alma, por eso usó la alegoría del Castillo.
El texto de las Primeras Moradas marca la dirección de nuestro camino:
"...considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas. Que si bien lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice él tiene sus deleites. Pues, qué tal os parece que será el aposento un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad" (M 1.1.1).

"La bondad y hermosura del ser humano, su capacidad para entender la comunicación de Dios, encuentra su fundamento, según Teresa, en haber sido creados a su imagen:
"...pues él mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza. Pues si esto es, como lo es, no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo; porque que hay la diferencia d él a Dios que del criador a la criatura, pues es criatura, basta decir su Majestad que es hecha a su imagen, para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del ánima" (M 1.1.1).

Teresa utiliza el verbo "criar" y no "crear." "Dios nos crea criándonos, en ningún instante nos deja de la mano ni nos deja de criar. Más aún, el haber sido creados y criados a imagen de Dios genera un dinamismo. Puede que un ejemplo nos ayude: Sugún el cristianismo, somos personas humanas desde el mismo momento de la concepción; nacemos personas, pero el tiempo y el entorno, la educación, la familia, etcétera, nos van haciendo más personas. Seremos lo que ya somos desde el inicio, desarrollaremos lo ya dado. En la vida espirirual sucede lo mismo, somos imagen y semejanza de Dios, y hemos de llegar a serlo plenamente. El habitante de las primeras moradas introduce con Teresa en su vida esta idea: Soy imagen de Dios, he de llegar a serlo plenamente; el itinerario me servirá de guía para llegar a ser del todo lo que ya soy en esencia."

1._La virtud de la pobreza

Teresa aconseja tener una virtud que que prevalezca sobre las demás: La austeridad de vida.
"La virtud de la pobreza forma parte constitutiva de nuestro itinerario espiritual, en primer lugar, porque hay pobres en el mundo (Este camino espiritual no despegará jamás los pies del suelo); en segundo lugar, porque Jesucristo nació y murió pobre; en tercer lugar, porque la historia de la Iglesia está plagada de ejemplos de quienes hicieron de la pobreza virtud, un modo de vida en el seguimiento de Cristo, como los principales referentes de santa Teresa: San Francisco de Asís y santa Ana."
"Parezcámonos en algo a nuestro Rey, que no tuvo casa, sino en el portal de Belén adonde nacióy y la cruz adonde murió" (C 2.9) Santa Teresa la llamó: "Santa pobreza," y pensaba que, daba una total libertad, "es un señorío grande" (C 2.5).
La pedagogía de Dios empieza abajo (Flp 2), "levanta al pobre."
En una sociedad (Mundo) que busca el poder, la riqueza, el estatus, el placer, la buena vida etc, cómo puede imterpretarse esta propuesta de Teresa, a vivir en clave de austeridad?
"La virtud de la pobreza no solo implIca un comportamiento exterior, sino también interior (C 2.3). Abarca moderar el pensamiento y las ambiciones de cualqier tipo" (C 2.8).

2._ El conocimiento propio

Teresa nos dice que, debemos conocernos como herramienta indispensable para entrar en el Castillo: "Es gran cosa el propio conocimiento" (M 1.1.8), "es el pan con que todos los manjares se han de comer" (V 13.15), "No es pequeña lástima y confusióque, por nuestra culpa, no nos entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos" (M 1.1.2).

El caminante por estar acostumbrado a vivir en la periferia de la vida, ha llegado a desconocerse de una forma peligrosa. El camino teresiano intenta situarnos en la realidad, sin máscaras. Con máscaras no hay quien nos quiera como somos, es una barrera. Teresa quiere que yo sea yo..."solo aquel que se conoce verdaderamente, sin falsedades ni máscaras, sabe la realidad de sí mismo" (M 1.2.8; V 13.15) "Y tened este cuidado: que en principio y fin de la oración, por subida contemplación que sea, siempre acabéis en propio conocimiento" (C 39.5).

Para encontrar nuestro camino en la vida, debemos tener como una herramienta muy importante y necesaria el conocimiento propio


5. Acciones que realizar:
Una vida llena de sentido frente al misterio del mal.

Paulatinamente iremos cambiando nuestro mundo interior, a medida que vayan creciendo en nosotros las virtudes señaladas; las acciones que realicemos se encargaran de transformar, el mundo exterior.
El proceso de cambio tiene un enemigo, el demonenio que tratará de llevarnos hacia las consecuencias más graves, como es el pecado mortal.
La austeridad de vida, el conocimiento propio, la oración el cambio de esquemas...serán casi imperceptibles en nuestra cotidianidad. Aparentemente, todo sigue igual, pero habrá una diferencia muy importante: El sentido religioso, irá llenando nuestra vida.

El demonio
"Se ha dicho con razón que la obra teresiana es una epopeya, un camino de encuentro con Dios repleto de dificultades por culpa de los demonios.. Teresa los ve los ahuyenta con agua bendita, los llama "negrillos", incluso nos advierte que el olor a azufre es síntoma de su cercanía, y con frecuencia nos dirá que son legión. En fin, Teresa nos avisa desde el principio acerca de las dificultades que encontraremos en el camino.
El mal existe el el mundo y en cada uno de nosotros. Cada persona es capaza de lo mejor y de lo peor. A veces el sufrimiento padecido o causado a otros a otros adquiere una dimensión descumunal, hasta el punto de poder llamarlo "Mal" (con mayúscula) o "Pecado", como decía Pablo, o sencillamente "Mundo", como preferiría llamarlo el evangelista Juan.
Por el pecado, el hombre puede llegar a faltar al amor verdadero de Dios y al prójimo. Ofende a Dios y a la solidaridad humana.

Cuál es el mayor daño para Teresa?
Consiste en apartarse de la fuente de la vida, que es Dios, para echarse en manos del Demonio, del Mal. El árbol de nuestra vida, según ella, hunde sus raíces en el profundo manantial de agua cuyo origen es Dios. El hombre, por naturaleza, está insertado en Dios, habitado por Él; de ahí (ya lo hemos dicho) emerge su dignidad y hermosura. Pero tenemos la libertad de ir con nuestro árbol a otra parte y plantarlo en las aguas sucias del Demonio."
La santa, nos recomienda en estas primeras moradas, plantarnos en el árbol d la vida que es Dios y, alejarnos de los engaños del Demonio, que tratará de seducirnos para que fracasemos en nuestro intento para llegar a ser maduros en nuestra fe. Todo lo que despersonaliza se puede llamar demonio.
Hay que tratar en lo posible con la gracia de Dios, de no cometer actos que perjudiquen al prójimo, ni a nosotros mismos.

Un camino para pecadores
No hay que desistir en el camino ni abandonar el castillo por sentirse un pecador. Santa Teresa se seintió siempre una gran pecadora, lo más importante es reconocerlo, para dejarse transformar a medida que seguimos a Cristo.
La santa le contesta lo suiguiente a san Juan de la Cruz:

"Caro costaría, si no pudiésemos buscar a Dios sino cuando estuviésemos muertos al mundo. No lo estaba la Magdalena, ni la Samaritana, ni la Cananea, cuando le hallaron (...). Dios me libre de gente tan espirirual, que todo lo quiere hacer contemplación perfecta, dé do diere. Con todo, los agradecemos el habernos tan bien dado a entender lo que no preguntamos

Por eso, es bien hablar siempre de Dios, que de donde no pensamos nos viene el provecho" ( Vej 6-7).

Vemos la identificación de teresa con estás mujeres en situación pecado, que le servían de acicate para buscar a Jesús.
Sin estar muertos al mundo, ni ser puros y perfectos se puede buscar a Dios. Será de gran provecho empezar a frecuentar con regularidad los sacramentos, tener muy en cuenta el de la Reconciliación. "Los remedios y auxilios que ofrece la Iglesia ( M 5.2.3).
Santa Teresa concede el título honorífico de: "Siervos del amor" a los que están decididos a vivir este itinerario espiritual.

"Pues hablando ahora de los que comienzan a ser siervos del amor ( que no me parece otra cosa determinarnos a seguir por este camino de oración al que tanto nos amó), es una dignidad tan grande, que me regalo extrañamente en pensar en ella" (V.11.1).

Recuerde:
_ "Tome la decisión de llevar una vida espiritual
_ Sepa que Dios le está esperando desde siempre
_ Exmine cuál es la imagen que tiene de Dios
_ Dedique un tiempo para usted
_ Acepte su vida pasada y pida perdón a Dios d sus errores
_ Acuda, si lo ve conveniente, a los sacramentos. Son las medicinas para el camino, en especial la Eucaristía y la Reconciliación.
_ Procure no hacer daño a nadie
_ Rece algunas oraciones con los labios y el corazón, sobre todo el Padrenuestro
_ Aprenda -si las desconoce- alguna oración vocal
_ Entre al Castillo sin miedo y tome a Jesucristo como guía
_ No haga nada extraño, pero llene el día de un cierto sabor espiritual
_ Renuncie a buscar el dinero o el poder como meta en su vida".


Oración
¡Oh almas rendidas por la sangre de Jesucristo! ¡Entendeos y habed lástima de vosotras!
¿Cómo es posible que entendiendo esto no procuráis quitar esta pez de ste cristal?
Mirad que, si se os acaba la vida, jamás tornaréis a gozar de esta luz. ¡Oh Jesús, qué es ver a un alma apartada de ella! ¡Cuáles quedan los pobres aposentos del castillo! ¡Qué turbados andan los sentidos, que es la gente que vive en ellos! Y las potencias, que son los alcaldes y mayordomos y maestresalas, ¡con qué ceguedad, con que mal gobierno, ¿qué fruto puede dar? (M 1.2.4).

"De estas moradas primeras podré yo dar muy buenas señas de experencia. Por eso digo que no consideren pocas piezas, sino un millón; porque de muchas maneras entan almas aqui, unas y otras y con buena intención. ( M 1.2.12)

No debemos obsesionarnos por saber en qué moradas estamos, eso no es lo más importante. Santa Teresa no lo hizo, estando en la cumbre de la mística se sentía más pecadora que cuando empezó.
El sentido es pasear por cada morada y, tratar de vivirla con más profundidad y entrega siempre que se visite, y se reflexione cada uno de los aspectos que ofrece, para seguir adelante con más firmeza y purificación.
"Los que han visitado y viven en las primeras moradas serán buenas personas. Quienes vivan instalados en las terceras habrán llegado a ser buenos cristianos. Los que caminen habitualmente por las siguientes habrán empezado a ser cristianos adultos. Quien se abandone del todo en manos del misterio del Dios de Jesucristo y entregue su vida, ése caminará dando zancadas por las moradas. El resto lo hará paso a paso. El amor dará la medida del avance."
Ponente: Elena Briceño.
Bibliografía: Antonio Mas Arrondo, "Acercar el Cielo" Itinerario espiritual con Teresa de Jesús. Editorial SAL TERRAE. Santander.

miércoles

11mo Encuencuentro con la Mística Carmelitana

Escuela de la Mística Carmelitana
(presencial)

Próximo encuentro.

Introducción a
Santa Teresa de Avila, II

Ponente: Maritza Rangel, ocds.

Lugar: Monasterio de las Hermanas Carmelitas Descalzas
de Los Chorros en Caracas.

Fecha:
Sábado, 14 de febrero de 2009
Hora: 8:30 am
Llevar: Muchos deseos de participar y querer ser orantes,
cuaderno de notas, bolígrafo,
Biblia y Obras de Santa Teresa de Avila (si las tiene).

Para más información por favor,
Contactar con:
o por el teléfono: 0412-3637814
Gracias

jueves

Reinicio de clases EMC -presencial- en Los Chorros, Caracas


Reinicio de actividades de la EMC -presencial-

Apreciados participantes de la Escuela de la Mística (presencial) les anunciamos el:
Reinicio de las clases y actividades sobre el estudio de la Mística.
Lugar (como de costumbre): Monasterio de las Hermanas Carmelitas Descalzas de Los Chorros en Caracas.
Fecha: sábado 17 de enero de 2009
Hora: 8:30 am
Pueden iniciar este ciclo, nuevos participantes.
Recordamos que deben llevar: Muchos deseos de participar y querer ser orantes, cuaderno de notas, bolígrafo, Biblia (si tiene), y el aporte voluntario para las fotocopias y otros gastos que llamamos "diezmo místico"
Para más información por favor,
Contactar con secretaria EMC: Carmen Herrera secretaria.mistica@gmail.com o por el teléfono: 0412-3637814
Gracias

domingo

Padres de Santa Teresita de Lisieux


viernes

Retiro Espiritual EMC 02 Agosto 2008

Retiro Espiritual de la EMC
"Mire que le mira"
(Vida 13,22 Santa Teresa)

Caracas, 02 Agosto 2008
Monasterio Hnas. Carmelitas Descalzas
Ponentes: P. Iván Mora Pernía y Prof. Elena Briceño

Somos Iglesia en el corazón del mundo y como dice Edith Stein: “Toda oración auténtica es oración de la Iglesia, y es la Iglesia misma la que ahí ora, porque es el Espíritu Santo el que vive en ella el que, en cada alma, “intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rom 8,26) Precisamente esto es la oración “auténtica” pues “nadie puede decir Señor Jesús, sino en el Espíritu Santo” (1Cor 12,3). “Yo rogaré al Padre y les dará otro Consolador, a saber: El Espíritu de Verdad” (Jn 14,16). Por eso, durante nuestros encuentros en la EMC evidenciamos cómo los Dones del Espíritu Santo, nos permiten sobrenaturalizar lo natural y cómo también podemos pedir a Dios nos colme con su gracia para servir a los demás y hacer su voluntad.

Don de Sabiduría: Comienza con el (respeto a) temor de Dios, se alimenta de la Palabra de Dios, la oración y los sacramentos. Es por excelencia, el don de la experiencia mística.
Don de Inteligencia: Nos ilumina para comprender los misterios de Dios y el hombre. Y cuando desarrollamos para el bien de todos las cualidades y dones recibidos.
Don de Consejo: Nos capacita para orientar con sabiduría según la voluntad de Dios.
Don de Fortaleza: Nos reviste de la fuerza de Dios y, capacita para actuar en el servicio y para sostenernos durante las pruebas y dificultades de la vida.
Don de Ciencia: Lo recibimos cuando el E. S., nos ayuda a discernir entre el bien y el mal y cuando transmitimos con humildad y verdad lo que conocemos de Dios.
Don de Piedad: Nos da sentido filial y fraterno y nos lleva desde el respeto a Dios y a la vida a la virtud de la justicia.
Don de Temor de Dios: Cuando tomamos conciencia del respeto que le debemos a Dios. Este don nos mantiene conscientes de nuestra pequeñez ante Dios. (Moisés y los patriarcas A T. María N T.)

Canciones que hace el alma en la íntima unión con Dios.

¡Qh llama de amor viva, / que tiernamente hieres / de mi alma en el más profundo centro!
pues ya no eres esquiva, / acaba ya, si quieres; / ¡rompe la tela de este dulce encuentro!

“Esta llama de amor viva es el Espíritu de su Esposo, que es el Espíritu Santo, al cual siente ya el alma en sí, no sólo como fuego que la tiene consumida y transformada en suave amor, sino como fuego que, además de eso, arde en ella y echa llama, y aquella llama, cada vez que llamea, baña al alma en gloria y la refresca en temple de vida divina. Y esta es la operación del Espíritu Santo en el alma transformada en amor, que los actos que hace interiores es llamear, que son inflamaciones de amor en que unida la voluntad del alma, ama subidísimamente, hecha un amor con aquella llama. Y así, estos actos de amor del alma son preciosísimos; y merece más en uno y vale más que cuando había hecho en toda su vida sin esta transformación, por más que ello fuese. Y la diferencia que hay entre el hábito y el acto, hay entre la transformación en amor y la llama de amor, que es la que hay entre el madero inflamado y la llama de él: que la llama es efecto del fuego que allí está! “ (San Juan de la Cruz)

Texto para reflexionar de Santa Teresa de Jesús: Camino 26, 1-3:
1. Ahora, pues, tornemos a nuestra oración vocal para que se rece de manera que, sin entendernos, nos lo dé Dios todo junto, y para -como he dicho- rezar como es razón.
La examinación de la conciencia y decir la confesión y santiguaros, ya se sabe ha de ser lo primero.
Procurad luego, hija, pues estáis sola, tener compañía. Pues ¿qué mejor que la del mismo maestro que enseñó la oración que vais a rezar? Representad al mismo Señor junto con vos y mirad con qué amor y humildad os está enseñando. Y creedme, mientras pudiereis no estéis sin tan buen amigo. Si os acostumbráis a traerle cabe vos y El ve que lo hacéis con amor y que andáis procurando contentarle, no le podréis -como dicen- echar de vos; no os faltará para siempre; ayudaros ha en todos vuestros trabajos; tenerle heis en todas partes: ¿pensáis que es poco un tal amigo al lado?

2. ¡Oh hermanas, las que no podéis tener mucho discurso del entendimiento ni podéis tener el pensamiento sin divertiros!, ¡acostumbraos, acostumbraos! Mirad que sé yo que podéis hacer esto, porque pasé muchos años por este trabajo de no poder sosegar el pensamiento en una cosa, y eslo muy grande. Mas sé que no nos deja el Señor tan desiertos, que si llegamos con humildad a pedírselo, no nos acompañe. Y si en un año no pudiéremos salir con ello, sea en más. No nos duela el tiempo en cosa que tan bien se gasta. ¿Quién va tras nosotros? Digo que esto, que puede acostumbrarse a ello, y trabajar andar cabe este verdadero Maestro.

3. No os pido ahora que penséis en El ni que saquéis muchos conceptos ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis. Pues ¿quién os quita volver los ojos del alma, aunque sea de presto si no podéis más, a este Señor? Pues podéis mirar cosas muy feas, ¿y no podréis mirar la cosa más hermosa que se puede imaginar? Pues nunca, hijas, quita vuestro Esposo los ojos de vosotras. Haos sufrido mil cosas feas y abominaciones contra El y no ha bastado para que os deje de mirar, ¿y es mucho que, quitados los ojos de estas cosas exteriores, le miréis algunas veces a El? Mirad que no está aguardando otra cosa, como dice a la esposa, sino que le miremos. Como le quisiereis, le hallaréis. Tiene en tanto que le volvamos a mirar, que no quedará por diligencia suya”. Santa Teresa de Jesús

Texto Bíblico para reflexionar y orar: Jesús y Nicodemo: Juan 3, 1-22

1 Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a Jesús y le dijo: 2 "Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él." 3 Jesús le contestó: "En verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde arriba." 4 Nicodemo le dijo: "¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre?" 5 Jesús le contestó: "En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. 6 Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. 7 No te extrañes de que te haya dicho: "Necesitan nacer de nuevo desde arriba". 8 El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu." 9 Nicodemo volvió a preguntarle: "¿Cómo puede ser eso?" 10 Respondió Jesús: "Tú eres maestro en Israel, y ¿no sabes estas cosas?
11 En verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. 12 Si ustedes no creen cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les hablo de cosas del Cielo? 13 Sin embargo, nadie ha subido al Cielo sino sólo el que ha bajado del Cielo, el Hijo del Hombre. 14 Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, 15 y entonces todo el que crea en él tendrá por él vida eterna. 16 ¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
17 Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. 18 Para quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios. 19 Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. 20 Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas. 21 Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios.
Recordando al Hno Lorenzo…
“Si se practica la Presencia de Dios como es debido, en poco tiempo se llega a ser espiritual”. Sus escritos y consejos están llenos de sugerencias pedagógicas para vivir la Presencia de Dios:

Comienza sincerándote contigo mismo, QUERER conocer la dicha de la Presencia de Dios y de una vez y para siempre, pues la vida se encargará de ahogar las buenas resoluciones si tú no las vuelves a poner una y otra vez en práctica. Por eso insiste en que nos dejemos de andar cocinando sin Dios nuestros asuntos.

Sigue con el PENSAMIENTO puesto en ÉL, con jaculatorias, oraciones donde lo hagas presente como el Padrenuestro, o tal vez orar junto con María. Dios está en todas las cosas, pero principalmente dentro de ti.

La idea es ir adquiriendo el hábito de vivir conscientemente al sol de la Presencia de Dios y la REPETICION de los actos de su presencia es determinante. Sólo a base de machacar se aprende el oficio .

Los momentos o TIEMPOS FIJOS. Al prestar mayor atención a Dios en el curso de la jornada dará sus frutos en los tiempos más largos.

“No debemos cansarnos de hacer pequeñas cosas por amor de Dios, que no mira la importancia de la obra, sino el amor”... “Trabajos ordinarios, si, pero hechos por puro amor de Dios”.

Mateo 6, 5-18: 5 Cua